En el corazón del desierto mauritano, Chinguetti, un pueblo ancestral fundado alrededor del año 777 d.C., alberga una de las colecciones bibliográficas más valiosas de África Occidental. Aquí, en esta pequeña localidad que significa “manantial de caballos” en la extinta lengua azayr, Mohammed Abdullah Ould Gholam Habott, de 51 años, se convierte en el guardián de la historia. Vistiendo un boubou tradicional, Habott, con paciencia y destreza, acaricia los antiguos manuscritos de su biblioteca familiar, una reliquia que ha conservado durante 24 años.
La biblioteca, que ocupa el tamaño de una amplia sala de estar, contiene más de 1,000 piezas que abarcan desde textos coránicos hasta escritos legales y científicos, algunos de ellos entre los más antiguos de la región. A medida que las temperaturas en Chinguetti pueden superar los 43 grados Celsius durante el día y caer a 10 grados por la noche, los desafíos que enfrenta la preservación de estos textos son inmensos. Aunque el aire seco del desierto puede ofrecer algunas ventajas, el cambio climático se siente en la región. Temperaturas que aumentan hasta 1.5 veces más rápido que el promedio global, lluvias escasas y tormentas de arena más frecuentes amenazan la existencia misma de las bibliotecas.
Designada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, Chinguetti fue una vez un punto de parada crucial para comerciantes y peregrinos en su ruta hacia La Meca, quienes dejaron atrás legados de escritos sagrados. Estas bibliotecas, mantenidas por familias a través de generaciones, son tesoros que, a pesar de su importancia, enfrentan un futuro incierto. Los métodos de conservación actuales son rudimentarios, con estantes abiertos y habitaciones que dependen de la oscuridad para proteger las colecciones del sol abrasador. Pero la desertificación avanza, y el temor de que un océano de arena cubra estas memorias históricas se cierne sobre la comunidad.
Los hijos de Habott, de 12 y 18 años, han mostrado poco interés en continuar con esta tradición familiar, y la falta de oportunidades económicas en la remota Chinguetti ha llevado a muchos jóvenes a buscar un futuro más prometedor en otras regiones. La población de Chinguetti disminuye gradualmente, amenazada por la migración hacia áreas urbanas donde las perspectivas de trabajo son más alentadoras. La pregunta es: ¿quién será el futuro custodio de estos textos si las nuevas generaciones deciden alejarse?
Habott se aferra a la esperanza y la devoción por su legado, afirmando: “Un océano de arena se aproxima. Pido a Alá que mantenga viva a esta familia.” Así, el guardián de Chinguetti se convierte no solo en protector de libros, sino también en símbolo de la resiliencia cultural de un pueblo ante un paisaje cambiante y desafiante. En un mundo donde el conocimiento y la historia pueden desvanecerse rápidamente, su lucha por preservar la herencia literaria se vuelve aún más crucial.
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