En el verano de 2026, una rave única tuvo lugar en un bosque cercano a Ámsterdam, a unos once kilómetros de la ciudad. El evento, protagonizado por la artista Zahara, resultó ser una experiencia inolvidable para quienes asistieron. Durante una hora, el DJ Quelza ofreció un set sin el tradicional bombo, lo que llevó a una especie de estampida y dejó a tan solo un puñado de personas disfrutando de la pista en un ambiente de polirritmia, creando una sensación de extrañeza fantástica. Zahara, de 42 años y originaria de Úbeda, ha estado explorando nuevas fronteras en el ámbito de la música electrónica con su proyecto “Zaharave”, que combina elementos con su colaborador Martí Perarnau IV.
Mientras Zahara se prepara para su presentación en el festival Cruïlla en Barcelona, comparte sus preferencias musicales: las raves europeas, que suelen celebrarse de día y al aire libre, son más de su agrado que las fiestas nocturnas españolas. Reconoce que prefiere no esperar hasta la medianoche para empezar a bailar, ya que a menudo se siente cansada y necesita descansar.
La innovadora forma en que Zahara enmarca su proyecto “Glitch” destaca por su enfoque en la creación de una experiencia continua sin interrupciones, promoviendo el respeto entre el público y los artistas. Este enfoque está enraizado en teorías contemporáneas que abordan tanto el feminismo como la ruptura de la norma en las raves. Zahara menciona que la rave representa una grieta en el sistema donde no hay jerarquías ni etiquetas, lo que le resulta particularmente fascinante. Cita a McKenzie Wark, quien señala que para sintonizar con la experiencia rave, uno debe “dejarse penetrar”, un concepto que resuena con las luchas de las mujeres y las personas queer en un espacio históricamente dominado por hombres.
A medida que Zahara avanza en su carrera, ha experimentado una evolución personal y artística. Habla sobre la importancia de alejarse de la tristeza, enfatizando que la violencia y el sufrimiento no deben dominar su narrativa. Su transformación se manifiesta en su imagen; se ha rapado la cabeza como una declaración de libertad estética, un acto que busca desafiar las normas sobre la belleza femenina. Aunque admite que ha sentido la presión social, busca provocar una conversación acerca de la hegemonía normativa y de cómo las mujeres no deben ser encasilladas por su apariencia.
Zahara también ha abordado la complejidad de ser bisexual en un entorno donde esta orientación a menudo no se toma en serio. Reflexiona sobre la presión social que enfrenta, donde los bisexuales son cuestionados constantemente sobre su identidad. Su compromiso con el tema ha resonado con muchas personas que, a través de sus redes, han compartido experiencias similares de represión y descubrimiento personal.
Además, la artista ha creado su propio sello discográfico, Gozz, pero confiesa que el crecimiento profesional a veces puede resultar limitante. Aunque siente orgullo por la comunidad que ha construido, desea volver a centrarse en la creación musical. En un mundo donde las redes sociales han cambiado drásticamente, la competencia se ha vuelto feroz, y los algoritmos que una vez facilitaron la comunicación con sus seguidores, ahora representan un desafío constante.
El horizonte de Zahara sigue ampliándose mientras busca fusionar la fiesta con una poderosa mensaje, llevando su arte no solo como una fuente de entretenimiento, sino como un vehículo de transformación y expresión social, especialmente en un panorama musical que evoluciona rápidamente.
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