El Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) ha confirmado estar al tanto de un acuerdo de cooperación nuclear civil entre Estados Unidos y Arabia Saudita, lo que ha atraído la atención de la comunidad internacional. La situación se intensifica ya que el OIEA está a la espera de una solicitud formal por parte de ambos gobiernos para supervisar el cumplimiento de este pacto, que podría tener implicaciones significativas en la región.
Durante una declaración, un portavoz del OIEA detalló que se encuentra a la espera de que Arabia Saudita y EE. UU. soliciten oficialmente la aplicación de medidas de verificación. Esta supervisión incluye garantizar el cumplimiento del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y del Acuerdo de Salvaguardias Amplias aplicable a Arabia Saudita. Una vez que se presente la solicitud, será revisada por la junta de gobernadores del OIEA para su autorización.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado claro que la aprobación de este acuerdo depende de la adherencia de Riad a los Acuerdos de Abraham, una serie de pactos con el objetivo de normalizar las relaciones entre Israel y varios países árabes, como los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. En este contexto, Trump subrayó en un mensaje que el acuerdo no contemplaría el enriquecimiento de material nuclear por parte de Arabia Saudita, una clave para asegurar la estabilidad regional.
Este acuerdo, conocido como “acuerdo 123”, fue formalmente firmado por el secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, y el ministro de Energía saudita, príncipe Abdulaziz bin Salman. La vigencia del pacto se establece en 30 años y debe ser revisada por el Congreso estadounidense para su consentimiento. Wright enfatizó que el acuerdo mantiene altos estándares de seguridad nuclear y no proliferación, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, reafirmó que no se alcanzaría ningún acuerdo que arriesgue la proliferación nuclear.
Por otro lado, es revelador que este pacto no incluirá la aplicación del Protocolo Adicional del OIEA, que permite inspecciones más exhaustivas para garantizar que el material nuclear no se desvíe hacia usos militares. Esta decisión marca una diferencia significativa con el acuerdo de 2009 entre EE. UU. y los Emiratos Árabes Unidos, que renunció expresamente al enriquecimiento de uranio, un modelo considerado como el “estándar de oro” para países que buscan energía nuclear sin generar sospechas sobre posibles fines militares.
Mientras el OIEA se prepara para su potencial rol de supervisión, las expectativas globales son altas. Este acuerdo no solo tiene el poder de transformar la relación entre Estados Unidos y Arabia Saudita, sino que también podría redefinir la dinámica de poder en el Medio Oriente en el contexto de la proliferación nuclear.
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