Bolivia ha tenido un comienzo turbulento en su camino hacia la Copa del Mundo, registrando cuatro derrotas en sus primeros cuatro partidos. Esta situación se vuelve aún más desalentadora al considerar que han cedido puntos cruciales en casa durante una eliminatoria dura como la de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), donde se enfrentan a gigantes como Brasil, Argentina, Colombia y Uruguay. Ceder seis puntos en su territorio, especialmente jugando a una altitud de 3.600 metros sobre el nivel del mar, es un golpe duro para cualquier aspirante.
El equipo ha estado sin rumbo desde 1997, cuando logró su última gran hazaña: alcanzar el subcampeonato de la Copa América tras perder contra la estrella brasileña Ronaldo. La espera de clasificar a un Mundial ha sido larga, habiendo asistido solo a tres ediciones (1930, 1950 y 1994) como invitado, lo que añade presión a un equipo que aspira a brillar en el torneo de 2026, que se llevará a cabo en México, Estados Unidos y Canadá.
En un intento por revertir la situación, Bolivia cambió de entrenadores, pasando de Gustavo Costas a Antônio Carlos Zago, pero el saldo fue decepcionante: solo una victoria en seis partidos. Ocupando la novena posición en la tabla, el sueño de lograr un séptimo lugar que otorgaría acceso al repechaje parecía inalcanzable. Sin embargo, la llegada de Óscar Villegas trajo un cambio significativo. Según su estrategia, la selección volvió a convertir su estadio en una fortaleza, trasladándose del Hernando Siles al Estadio de Villa Ingenio, en El Alto, a 4.150 metros de altitud.
La estrategia dio resultados inmediatos. Con una contundente victoria de 4-0 ante Venezuela y un triunfo por 1-0 contra Colombia, Bolivia empezó a escalar posiciones. Los empates contra Paraguay y Uruguay fueron pasos adicionales en su lucha por el repechaje. Villegas también propició una renovación generacional en el equipo, incluyendo a jóvenes talentos como Miguel Terceros, quien se destaca en el Santos de Brasil.
La creciente cuota de clasificatorios para la Conmebol, que ahora permite hasta seis clasificatorios directos y uno al repechaje, alimentó las esperanzas bolivianas. En la última jornada, lograron un triunfo decisivo ante Brasil, lo que los elevó a la séptima posición, asegurando así sus opciones para seguir en la contienda.
Con un enfrentamiento contra Surinam programado para el 26 de marzo, la mirada de Bolivia está puesta en el potencial repechaje ante Irak, que se presenta como el último obstáculo en su camino hacia el Mundial. La selección, una vez descrita como la “cenicienta” del fútbol sudamericano, se aferra a su cuento de hadas, con el anhelo de regresar a la máxima competición futbolística mundial tras más de tres décadas. Sin la seguridad de su estadio alteño, pero con una nueva generación lista para brillar, Bolivia se espera escribir un nuevo capítulo en su historia futbolística.
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