El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha decidido revisar una ambiciosa meta de transición hacia vehículos eléctricos al cancelar el mandato que exigía que el 100% de los vehículos vendidos en el país fueran eléctricos para 2035. En su lugar, Carney ha establecido un nuevo objetivo: alcanzar el 75% de ventas de autos eléctricos para 2035 y un asombroso 90% para 2040. Esta medida, presentada junto a una serie de inversiones significativas, marca un claro giro en las políticas que había promovido su antecesor, Justin Trudeau.
Durante la presentación de su plan, Carney subrayó la necesidad de que la industria automotriz canadiense se prepare para un futuro en el que los vehículos eléctricos predominan en las carreteras. Este plan incluye un subsidio de 5,000 dólares canadienses para quienes opten por un vehículo eléctrico, 1,500 millones de dólares destinados a mejorar la infraestructura de carga y 3,000 millones de dólares para ayudar a la industria automotriz a diversificarse y adaptarse a nuevos mercados.
En un contexto internacional complicado, Carney reafirmó su visión de que Canadá sigue siendo un líder en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, el panorama se complica debido a las tensiones arancelarias surgidas con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Desde abril, los vehículos fabricados en Canadá sufren un impuesto del 25% sobre sus componentes no estadounidenses, un gravamen que el gobierno canadiense argumenta que contraviene el acuerdo de libre comercio T-MEC. Las conversaciones para revisar este tratado están programadas para llevarse a cabo este año, lo que añade incertidumbre a la industria.
A pesar de estos retos, Carney manifestó un enfático compromiso en eliminar todos los aranceles en el sector automotor. No obstante, también reconoció que la industria canadiense debe comenzar a planificar una cadena de producción completamente interna. En este sentido, el país cuenta con ricos depósitos de minerales críticos, esenciales para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos, y busca desarrollar un enfoque integral que abarque desde la minería hasta la producción de baterías.
Con movimientos decididos y una hoja de ruta adaptativa, Canadá se posiciona para enfrentar los desafíos del mercado automotriz del futuro, al tiempo que busca solidificar su compromiso hacia una transición energética sostenible. La claridad y la dirección de estas políticas podrán determinar el éxito de la nación en los años venideros, haciendo de esta una narrativa a seguir de cerca.
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