El primer ministro canadiense, Mark Carney, defendió firmemente ante el Parlamento Europeo la formación de una alianza estratégica con la Unión Europea, destacando la propuesta de convertir a Ottawa en el primer “miembro asociado” del bloque comunitario. En su intervención, realizada en Estrasburgo el 17 de septiembre de 2026, Carney expresó: “Acogemos con satisfacción esta ambición”.
La afirmación de Carney subraya una conexión creciente entre Canadá y Europa, enfatizando que “Europa y Canadá son más fuertes juntos”. Esta línea de pensamiento resuena con lo anunciado por Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, un día antes, quien sugirió otorgar a Canadá un estatus inédito dentro de la estructura institucional de la UE.
El primer ministro no solo aceptó la idea, sino que la describió como una oportunidad histórica para ambos lados del Atlántico. Carney enfatizó: “Una alianza para el futuro es un enfoque único y positivo que definiremos juntos”, mostrando su deseo de colaborar en una variedad de áreas estratégicas.
En su discurso, Carney subrayó la necesidad de que Canadá y Europa fortalezcan su autonomía estratégica mediante una cooperación en áreas críticas como minerales esenciales, defensa e inteligencia artificial. Esta propuesta responde a una creciente preocupación sobre el equilibrio de poder global y la importancia de que ambas regiones trabajen juntas ante desafíos compartidos.
El primer ministro también abordó el vínculo transatlántico, diferenciando a Canadá de socios internacionales menos comprometidos. “No somos aliados de buen tiempo. No buscamos acuerdos de suma cero. Compartimos valores comunes por los que siempre hemos luchado y en cuya defensa debemos permanecer siempre vigilantes”, afirmó con determinación.
La intervención de Carney fue seguida con particular interés, especialmente en el contexto de un deterioro en las relaciones entre Ottawa y Washington, así como los esfuerzos canadienses por diversificar su economía y reducir la dependencia respecto a Estados Unidos. La idea de una nueva categoría de membresía en la UE destaca el potencial de una relación más profunda entre Europa y Canadá, que podría sentar las bases para un futuro más colaborativo.
En esta embajada de fortalecer lazos y asegurar la autonomía estratégica, Carney ha dejado clara la intención de Canadá de forjar un camino hacia una colaboración sin precedentes en un mundo en constante cambio. La propuesta es, sin duda, un hito en las relaciones internacionales de este siglo.
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