Sabia indígena y humilde sanadora ella es María Sabina, personaje que estará siempre ligada a la historia del chamanismo y de los hongos sagrados en México. Todo mundo conoció la historia su vida y su legado a mediados del siglo XX saltó a la fama cuando el escritor estadunidense Robert Gordon Wasson (1898-1986), pionero en el estudio de la etnomicología, reveló al mundo su existencia, “es un ejemplo de sabiduría”.
“La sabia de los hongos”
Glockner celebró la nueva edición, en la que participa con un texto introductorio. La lectura “es muy amena, aun cuando narra la vida a veces trágica de María Sabina. A través de esta historia, el lector puede tener una idea de la cosmovisión del pueblo mazateco, sobre todo, de la manera en la que se concibe el cuerpo humano y su vínculo con la naturaleza a través de los rituales que ella llevaba a cabo, al igual que muchos otros sabios mazatecos que practican esas veladas.
“Es muy importante que las nuevas generaciones tengan acceso a esta información para que comprendan el sentido de la sabiduría de la chamana, que implicó tanto cualidades curativas como adivinatorias.”
María Sabina hizo una gran aportación para comprender la naturaleza de una cultura, la mazateca, que sería una suerte de espejo de otras, respecto del uso de plantas sagradas. Basta recordar las crónicas del siglo XVI que registraron, por ejemplo, el día en el que estuvieron 2 mil danzantes en la plaza del Templo Mayor, en la entronización de Moctezuma II, consumiendo hongos durante cuatro días.
“Hay que derribar con inteligencia, buenos argumentos y conocimiento esa barrera de la incomprensión en torno a estos rituales. Por eso, este libro será un nuevo descubrimiento de la figura de María Sabina, quien en sus cantos chamánicos decía: ‘Soy mujer remolino, soy mujer que chifla, soy mujer que hace girar, mujer sabia en medicina, mujer estrella Dios’.”
Para una edición de 1989, Álvaro Estrada añadió cantos chamánicos que están en la nueva versión de esta obra, “a la que se puede acudir con frecuencia, y siempre se encontrará riqueza espiritual e intelectual”, concluyó Julio Glockner.


