El 13 de marzo de 1325 se consigna como una fecha fundamental en la historia de México. En este día, el pueblo azteca, guiado por Huitzilopochtli, dios del sol y de la guerra, arribó al gran Valle de México. Su travesía comenzó desde Aztlán, conocida como “el lugar de garzas”, y culminó en un islote del lago de Texcoco, donde avistaron la emblemática imagen de un águila devorando una serpiente sobre un nopal, una señal que les indicarían el lugar perfecto para establecer su ciudad. Este acontecimiento no solo marcó el nacimiento de Tenochtitlan, sino que también sentó las bases de la identidad cultural de un pueblo.
En el relato elaborado por historiadores como Alfonso Caso, se explica que este espacio sería llamado México, derivado de “Metztli” que significa luna, “xictli” que se traduce como ombligo, y “co”, que hace referencia a lugar. Así, los habitantes de lo que hoy conocemos como la Ciudad de México pueden presumir de vivir en el “ombligo de la luna”.
A lo largo de los últimos 701 años, la importancia de este suceso ha sido inminente. Es fascinante reflexionar sobre la aseveración de McLuhan, quien planteó que la mano que escribe una página también construye una ciudad. Las letras y los relatos han dado vida a estructuras, tradiciones y un sentido de pertenencia que trasciende lo físico. Gracias a obras literarias, tanto de cronistas antiguos como de poetas contemporáneos, hemos podido vislumbrar la historia y la evolución de la ciudad.
Desde el periodo conquistador con las Cartas de Indias, donde españoles, criollos e indígenas comenzaron a narrar sus vivencias y a forjar nuevos géneros literarios, hasta los aportes de autores como Humboldt y Madame Calderón de la Barca, el relato de la ciudad ha sido enriquecido, y su esplendor azteca ha sido objeto de admiración. Sin embargo, a pesar de la riqueza literaria que ha rodeado a la ciudad, parece que pocos celebran su cumpleaños.
Un evento significativo tuvo lugar en marzo de 1958, cuando el escritor Carlos Fuentes publicó “La región más transparente”, una obra que captura el alma de la Ciudad de México y su transición a lo moderno. A pesar de su relevancia, el aniversario de la fundación de la ciudad no encuentra una celebración adecuada.
El tiempo, más que la distancia, delimita la esencia de esta ciudad. Este próximo 13 de marzo, en conmemoración de su fundación, se hace un llamado a recordar y celebrar su historia, su cultura y su identidad. En tiempos donde el progreso y la modernidad parecen apresurarnos, una pausa para reflexionar sobre nuestras raíces puede ser un regalo invaluable. Así, el lector tiene la oportunidad de ser parte de un nuevo capítulo en la historia de esta grandiosa ciudad.
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