Cenar exclusivamente proteínas: una experiencia de un mes entre lunes y jueves. Esta decisión aparentemente sencilla refleja un temor común en la actualidad: la preocupación por no consumir suficientes proteínas. De hecho, según la nutricionista Melyssa Chang, muchas personas están comenzando a exceder su ingesta en un 35% respecto a lo recomendado.
Es importante señalar que el equilibrio es esencial. Incrementar la ingesta de proteínas no debería hacerse a costa de otros macronutrientes como grasas y carbohidratos de absorción lenta. Es fundamental aclarar esto, ya que el objetivo no es glorificar las proteínas mientras se demonizan otros nutrientes.
Este relato trata sobre la experiencia de cenar solo proteínas cuatro veces a la semana, con atención a las verduras, grasas y carbohidratos en otras comidas, para no desestabilizar la dieta. Se recomienda siempre consultar con un nutricionista antes de hacer cambios significativos en la alimentación.
La cena, un momento del día que genera dilemas alimenticios, es cuando se siente más hambre. El final de la jornada laboral y la búsqueda de relajación influyen mucho, pero también se es consciente de la necesidad de evitar cenas copiosas para un buen descanso, puesto que el metabolismo tiende a ralentizarse en la noche.
Varias estrategias han sido intentadas, pero cenar solo proteínas ha mostrado mejores resultados. Según la nutricionista Leticia Carrera, esta práctica es efectiva para quienes buscan un peso saludable y al mismo tiempo evitar ir a la cama con sensación de hambre. Ella explica que durante la noche el gasto calórico es mínimo, lo que significa que lo que se come puede almacenarse como grasa si no se utiliza. Ingerir proteínas por la noche no solo ayuda a la reparación de tejidos, sino que requiere una mayor quema de energía para su metabolización, lo que reduce el total de calorías absorbidas.
La teoría detrás de las proteínas es que son saciantes, y una cena compuesta por omelette, jamón a la plancha y un kéfir de postre puede resultar en una sensación de saciedad. Laura Bartolomé, en su obra “Pierde grasa, gana vida”, menciona que nuestra necesidad de alcanzar un mínimo de aporte proteico influye en nuestro apetito; mientras no se cumpla esta necesidad, el mecanismo de saciedad no se activará.
Optar por proteínas de fácil digestión —como huevo, pescado blanco o quesos bajos en grasa— parece ser lo más adecuado, ya que contribuye a una mejor sensación de ligereza y satisfacción antes de dormir. La experiencia con esta modificación en la dieta ha corroborado la efectividad de las recomendaciones de los expertos, ofreciendo un enfoque práctico para mejorar la calidad de las cenas nocturnas.
La información presentada refleja las tendencias hasta la fecha de publicación original, el 13 de junio de 2025, y puede variar con el tiempo a medida que la investigación en nutrición avanza y se actualiza.
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