El gobierno de Estados Unidos ha propuesto cambios radicales al censo nacional que podrían eliminar información crucial sobre raza y etnicidad, así como excluir a millones de inmigrantes basándose en su estatus migratorio. Este movimiento, dado a conocer el miércoles, amenaza con afectar la asignación de recursos y la representación electoral en el país.
Los cambios propuestos buscan excluir a inmigrantes indocumentados, solicitantes de asilo y a todos aquellos que carecen de un estatus migratorio permanente. Además, se eliminarían del cuestionario del censo algunas preguntas demográficas que han sido parte fundamental de este ejercicio desde su inicio.
Este enfoque revive la controvertida propuesta del expresidente Donald Trump, quien intentó agregar una pregunta sobre ciudadanía al censo de 2030. En una publicación oficial, la Oficina del Censo argumentó que los extranjeros indocumentados no deberían formar parte del conteo para la distribución de escaños, ya que, según ellos, no son “verdaderos habitantes” debido a la falta de un vínculo significativo con el país.
Por otro lado, también se contempla la posibilidad de eliminar preguntas relacionadas con la identidad de género y la orientación sexual, lo que plantea preocupaciones sobre la representación de la comunidad LGBTQ+. Beth Jarosz, investigadora y vicepresidenta de la Asociación de Usuarios de Datos Públicos, enfatiza que no contabilizar a todos los residentes es una amenaza real. Señala que los datos del censo son vitales para diversos aspectos, incluyendo la distribución política y la asignación de recursos en situaciones de emergencia.
Históricamente, el censo, realizado cada diez años, no ha tenido el objetivo de contar a los residentes según su estatus de ciudadanía. Este tipo de información generalmente se recoge en encuestas adicionales. Tener un conteo preciso de individuos de diversos estatus es fundamental para la planificación de recursos en emergencias de salud pública o desastres naturales.
Desde el año 2000, el censo permite que los encuestados se identifiquen como de más de una raza, y un estudio de 2015 del Pew Research Center reveló que la población multirracial en Estados Unidos crece rápidamente. Según el censo de 2020, aproximadamente 33.8 millones de personas se identificaron como multirraciales.
Los datos sobre raza y etnicidad son igualmente esenciales para la investigación en temas de discriminación y desigualdad económica. Organizaciones como Stop AAPI Hate, dedicada a la defensa de derechos de los estadounidenses de origen asiático, han advertido que estos cambios tendrían un impacto devastador sobre las poblaciones a las que sirven. La cofundadora de dicha organización, Manjusha Kulkarni, destaca que los datos son críticos para los legisladores, proveedores de atención médica y defensores comunitarios, quienes requieren esta información para garantizar la seguridad y bienestar de todos los estadounidenses.
Eliminar datos sobre raza y etnicidad, así como excluir a ciertos inmigrantes, podría dar la impresión de que estas comunidades no son relevantes. Beth Jarosz advierte que la recopilación de datos para el Censo de 2030 sin estas variables sería perjudicial. Comparó la situación con intentar aterrizar un avión en medio de una densa niebla y con instrumentos dañados.
En resumen, la propuesta del gobierno de EE.UU. representa un punto de inflexión crítico para el futuro del censo y su capacidad para reflejar de manera precisa y representativa a toda la población. Mantener la integridad de estos datos es esencial para la correcta asignación de recursos y para asegurar una representación equitativa en el sistema político del país.
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