La bioindividualidad nos recuerda que cada persona transita un camino único, especialmente en el ámbito de la nutrición. No se trata solo de contar nutrientes; lo verdaderamente importante es cómo nos hace sentir lo que comemos, su integración en nuestra vida cotidiana y su viabilidad a largo plazo. La reconocida chef Mikaela Reuben señala que las habilidades culinarias no dependen únicamente del talento innato, sino que pueden desarrollarse a través de curiosidad, repetición y atención plena. Reuben destaca que los mejores cocineros no necesariamente nacen con un don especial, sino que son aquellos que prestan atención a los detalles y se adaptan a las adversidades en la cocina.
Cocinar es una habilidad poderosa que promueve la creatividad, la independencia y la capacidad de cuidar de uno mismo y de otros. Es especialmente beneficioso que esta enseñanza se inicie en la niñez, ya que fomenta desde temprana edad una relación saludable con la comida.
A lo largo de su libro, Mikaela explora la conexión intrínseca entre la comida y las distintas culturas que ha encontrado en sus viajes. Recuerda un decisivo verano en México a los 14 años, que cambió su perspectiva sobre la cocina. Lo que más la fascina de la gastronomía mexicana es su profunda conexión con la tierra. Cada región, cada ingrediente, cuenta historias a través de sus métodos de preparación y sabores. Estas tradiciones, que incluyen técnicas como el asado en hornos subterráneos, no solo son métodos culinarios, sino que representan un vínculo vivo con la historia, la herencia cultural y la conexión con el entorno.
La importancia de esta conexión entre el paisaje y la comida resuena en cada viaje, mostrando cómo la alimentación es un reflejo de la cultura local. Así, la cocina se convierte en un lenguaje universal que trasciende fronteras y se entrelaza profundamente con la identidad de cada comunidad. A través de este viaje culinario, Mikaela Reuben nos hace celebrar la singularidad de cada platillo y su historia, invitándonos a considerar no solo qué comemos, sino cómo cada bocado refleja nuestro propio camino en la vida.
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