La relación comercial entre México y China enfrenta un momento de tensión a raíz de las medidas arancelarias impuestas por el gobierno mexicano a finales de 2025, justo cuando se inicia la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). A partir del 1 de enero de 2026, estas medidas han comenzado a generar un impacto notable en la dinámica comercial entre ambos países.
En una reciente entrevista, un destacado economista explicó que la Secretaría de Economía de México ha presentado argumentos que justifican estos aranceles. Sin embargo, pocos días antes, China publicó los resultados de una investigación realizada en septiembre de 2025, concluyendo que México había implementado barreras al comercio y a la inversión de empresas chinas. En respuesta, China está considerando presentar una queja ante la Organización Mundial del Comercio, advirtiendo que está preparada para adoptar medidas en contra de México.
Desde 2003, China ha sido el segundo socio comercial de México, representando cerca del 10% del comercio exterior del país. Aunque las exportaciones mexicanas a China son relativamente bajas, alrededor del 1.5%, las importaciones alcanzan aproximadamente un 20%, lo que resalta la dependencia de México respecto a productos chinos.
Las medidas arancelarias afectan a un total de 1,463 productos provenientes de países que no forman parte de tratados de libre comercio. No obstante, el impacto agregado de estas tasas es limitado, ya que la tasa arancelaria promedio sobre las importaciones de México desde China es de solo el 9.7%, ligeramente inferior al 10%, lo que señala que la diferencia con los aranceles previos es mínima.
El análisis sugiere que la coyuntura actual en las relaciones comerciales no es fortuita, sino que se desarrolla en concordancia con la renegociación del T-MEC. China parece querer reafirmar su presencia en la región, recordando a México y Estados Unidos su importancia en la dinámica comercial del norte del continente.
Además, se han señalado debilidades en los mecanismos institucionales entre México y China. La Comisión Binacional Permanente no se ha reunido desde 2014, y el Grupo de Alto Nivel lo hizo por última vez en 2022, dejando sin espacios de diálogo formal temas cruciales para la cooperación y el comercio.
La reciente dinámica revela que México ha lanzado esta ofensiva arancelaria, mientras que China responde con advertencias. La relación entre ambos países, así como su conexión con Estados Unidos, debe ser vista a través de un lente de interdependencia, especialmente dentro del contexto del T-MEC. Tratar de ignorar la influencia de China en la economía mexicana es un desafío considerable, dado que el país asiático es un líder tecnológico en las importaciones de México, lo que complica la posibilidad de sustituir estos bienes por productos de otros socios comerciales.
En resumen, los aranceles instaurados representan un punto de inflexión en la relación entre México y China, en un marco donde las instituciones muestran signos de debilidad. A medida que las tensiones evolucionan, será fundamental observar cómo estas decisiones impactan no solo el comercio bilateral, sino el esquema mayor de interdependencia en la región.
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