El régimen chino ha lanzado recientemente una “operación marítima para el cumplimiento de la ley” en aguas al este de Taiwán. Esta iniciativa se da en un contexto de creciente tensión, impulsada por la apertura de conversaciones entre Japón y Filipinas sobre la delimitación de sus Zonas Económicas Exclusivas (ZEE), una cuestión que ha generado inquietud en Pekín debido a la superposición territorial en la región.
La operación, coordinada por el Ministerio de Transporte de China, incorpora a diversas organizaciones marítimas provinciales con el claro objetivo de “ejercer plenamente la jurisdicción de China” y mejorar las capacidades de vigilancia en estas aguas estratégicas. Las autoridades chinas argumentan que esta medida es una respuesta necesaria a la “violación de la soberanía territorial y los intereses del país” provocada por las conversaciones entre Japón y Filipinas.
A pesar de que Japón y Filipinas no comparten fronteras, ambos países tienen derecho a establecer ZEE que se extienden hasta 200 millas náuticas desde sus costas. Sin embargo, parte de estas zonas se solapan con las reclamaciones marítimas de Taiwán, complicando aún más el escenario. Japón ha decidido no incluir a Taiwán en estos diálogos, lo que ha llevado a un portavoz gubernamental japonés a enfatizar que un posible acuerdo afectaría únicamente los derechos y obligaciones de Japón y Filipinas, sin involucrar a terceros.
La Guardia Costera de Taiwán ha intensificado su presencia cerca de la isla Pratas, un atolón que controla y que está bajo reclamación de Pekín. Este despliegue se sucede tras la incursión reciente de dos buques chinos en esas aguas, lo que ha provocado intercambios radiofónicos entre los guardacostas taiwaneses y las fuerzas chinas. Los oficiales de Taiwán han respondido con firmeza, advirtiendo que cualquier intervención no autorizada es inaceptable y reiterando su compromiso de defender la soberanía nacional.
La incursión del buque ‘3501’ de la Guardia Costera china provocó la movilización inmediata de barcos patrulleros taiwaneses. Durante la situación, los oficiales chinos recordaron su enfoque de “reunificación nacional”, mientras que los taiwaneses denunciaron que “la paz” que Pekín promueve es, en realidad, un engaño.
La isla Pratas, también conocida como Dongsha, forma parte de un archipiélago cuya administración es disputada y donde se concentra un gran volumen del tráfico marítimo mundial. En este clima de tensión, un dron militar chino sobrevoló el espacio aéreo de Pratas a inicios de 2026, lo que el Gobierno de Taiwán catalogó como una acción provocativa irresponsable.
La Guardia Costera de Taiwán ha afirmado tener una firme determinación de defender su soberanía y está preparada para tomar todas las medidas necesarias para disuadir las provocaciones chinas. Esto refleja la complejidad de la situación en el Mar del Sur de China, un área donde los intereses geopolíticos son intensos y los enfrentamientos podrían tener repercusiones significativas.
Entonces, mientras las tensiones marítimas aumentan, el futuro de estas disputas territoriales no parece llegar a una resolución. La comunidad internacional observa atentamente, reconociendo el potencial de estos conflictos para desestabilizar la región y afectar el comercio global.
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