China en la encrucijada económica: el dilema del crecimiento
Desde la crisis financiera global de 2008, China logró una recuperación notable en forma de V gracias a audaces medidas de estímulo. Sin embargo, desde entonces, sus políticas macroeconómicas han oscilado entre lo neutral y lo restrictivo. Dado que el país tiene como objetivo un crecimiento del 5% para 2025, es evidente que este enfoque debe transformarse, y en septiembre de 2024, se observó un cambio significativo en su postura.
Las autoridades suelen ajustar las políticas macroeconómicas según la tasa de crecimiento y la inflación. Actualmente, los indicadores sugieren que China necesita un enfoque expansivo. La inflación de su índice de precios al productor ha permanecido en territorio negativo durante gran parte de los últimos 13 años, mientras que la inflación del índice de precios al consumidor fue solo del 0.2% en 2024. Al mismo tiempo, la tasa de crecimiento del PIB ha caído dramaticamente del 10.6% en 2010 al 5% el año pasado.
La razón por la que el gobierno chino ha demorado la implementación de políticas expansivas radica en el temor a deteriorar su situación fiscal. A finales de 2023, la deuda pública alcanzó casi el 61% del PIB, y al sumar la deuda de los gobiernos locales, esta cifra llegó a aproximadamente el 117%. Aunque estas cifras son relativamente bajas en comparación con las economías desarrolladas, representan altos niveles para los estándares chinos, lo que ha llevado a los responsables de la política a mantener el déficit fiscal por debajo del 3% del PIB.
Sin embargo, grandes cambios se anticipan. A finales de 2023, el ministerio de finanzas reconoció que hay un “margen considerable” para emitir deuda y aumentar el déficit fiscal. Este cambio de retórica fue seguido por un compromiso de altos funcionarios del Partido Comunista de China de fortalecer el “ajuste anticíclico” de las políticas fiscal y monetaria y de implementar el “gasto fiscal necesario” para satisfacer las metas de crecimiento.
Mientras tanto, el enfoque en la eliminación del exceso de capacidad ha generado debate. Algunos creen que un nuevo estímulo podría entorpecer este esfuerzo, aunque es evidente que la eliminación del exceso de capacidad requiere mecanismos de mercado, posiblemente apoyados por políticas.
En una situación ya tensa, alcanzar el objetivo de crecimiento para este año es un desafío. Una parte significativa de esta meta se basa en un aumento de las exportaciones netas, que se prevé se vea afectada negativamente por las tensiones comerciales con Estados Unidos. Aunque en el primer trimestre de 2025 las exportaciones mostraron un crecimiento del 50% anual, esta tendencia se considera temporaria, producto de una acumulación anticipada debido a aranceles inminentes.
Además de las exportaciones, el consumo interno representa un factor crucial. La desaceleración en el crecimiento de ingresos, la caída de precios en el sector inmobiliario y la volatilidad del mercado bursátil complican el aumento del consumo necesario para estimular la demanda agregada. En 2024, se estimó que el consumo final representó el 56.2% del PIB, mientras que las exportaciones netas solo alcanzaron el 3.4%. Según proyecciones, el consumo final y las exportaciones netas podrían contribuir unos 2.8 puntos porcentuales al crecimiento del PIB en 2025.
Para alcanzar la meta del 5%, se necesita que la inversión en formación de capital, representando el 40.4% del PIB, aporte al menos 2.2 puntos porcentuales, lo que implica un crecimiento del 5.4% este año. La inversión en activos fijos, que incluye la inversión fabril, inmobiliaria e infraestructura, es vital. Aunque la inversión fabril creció un 9.2% el año anterior, la inversión inmobiliaria cayó un 10.6%. Si se mantienen estas tendencias, seguirán representando un desafío para alcanzar un crecimiento del 5.4%.
Así, se apunta a que la inversión en infraestructura deberá aumentar en alrededor de un 6% este año, una cifra considerablemente mayor que en 2024. A pesar de que el crecimiento de la inversión en activos fijos fue solo del 4.2% en el primer trimestre, este indicador podría ser clave.
Por ahora, el gobierno ha fijado un objetivo de déficit fiscal del 4% del PIB para 2025, el nivel más alto desde 2008. Sin embargo, los analistas sugieren que, incluso con este esfuerzo, se necesitarán medidas más audaces para garantizar que el país alcance su meta de crecimiento.
En resumen, mientras China se enfrenta a retos significativos, su trayectoria económica dependerá en gran medida de su capacidad para implementar cambios radicales que fomenten el crecimiento y respondan a las demandas del mercado global.
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