Las ciudades en América Latina enfrentan un desafío crucial: la movilidad del cuidado. Este concepto, que se refiere a los desplazamientos necesarios para llevar a cabo tareas de cuidado y del hogar, es fundamental para la vida cotidiana, especialmente para las mujeres, quienes son las principales encargadas de estas responsabilidades. Sin embargo, la falta de infraestructura y políticas adecuadas limita su acceso a servicios básicos como educación, salud y oportunidades laborales.
En un reciente webinar organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), expertos subrayaron la imperiosa necesidad de aumentar la inversión en infraestructura urbana, que actualmente representa solo el 1% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que la meta debería ser del 5%. Este aumento no solo mejoraría la calidad del transporte, sino que también abordaría la seguridad, asequibilidad y accesibilidad que requieren las comunidades vulnerables.
Ana María Pinto, jefa de la División de Transporte del BID, enfatizó cómo el transporte es una vía para llegar a poblaciones en riesgo. Recordó que el 40% de los viajes de las mujeres están relacionados con tareas de cuidado, en contraste con solo el 9% de los hombres. Esta discrepancia resalta la importancia de visibilizar y contabilizar esos desplazamientos para generar políticas públicas que realmente respondan a las necesidades de las mujeres.
Además, la seguridad en el transporte público es un tema preocupante, dado que los accidentes de tránsito se encuentran entre las principales causas de muerte de niños en la región. Las estadísticas revelan que siete de cada diez mujeres han experimentado acoso en estos espacios. Ante estos datos alarmantes, es imperativo rediseñar los sistemas de transporte para no solo priorizar la rapidez y costo, sino también la accesibilidad, asequibilidad y seguridad.
Localidades como Quito, Ecuador, y Bogotá, Colombia, están siendo objeto de esfuerzos por parte del BID en colaboración con gobiernos locales para mejorar la movilidad de las personas más vulnerables. Esto incluye inversiones en infraestructura que, a pesar de ser modestas, pueden transformar significativamente la experiencia de viaje, como la inclusión de salas de lactancia o baños en estaciones de transporte.
Desde un enfoque económico, los expertos también señalaron que incorporar a las mujeres en el mercado laboral no solo potencia la equidad, sino que también mejora la competitividad de las economías locales. Por ello, es esencial integrar los servicios de cuidado, la planificación urbana y el transporte en una única estrategia que permita a las personas acceder a los servicios que necesitan.
Diana Rodríguez, asesora especial de Género y Diversidad del BID, subrayó la conexión entre la movilidad del cuidado y el impacto en áreas vitales como la educación, salud y empleo. Para mejorar la calidad de vida, combatir la pobreza y reducir la desigualdad en América Latina, es esencial invertir en el sistema de cuidados en paralelo con el desarrollo de sistemas de transporte efectivos.
Este contexto es una llamada a la acción para repensar y rediseñar el enfoque urbano en la región, con un énfasis particular en asegurarse de que la movilidad del cuidado no solo sea reconocida, sino también priorizada en las políticas públicas.
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