▲ Un jicarero wixárika de Las Latas camina cerca de la comunidad Nueva Colonia, Mezquitic, Jalisco, en 2008.Foto José Carlo González
La reciente declaratoria de la Ruta Wixárika como patrimonio mundial es un motivo de celebración para esta comunidad indígena y sus defensores, quienes enfrentan constantemente los desafíos impuestos por las concesiones mineras. Esta postura es reafirmada por el abogado y activista Santos de la Cruz, representante del Consejo Regional Wixárika para la Defensa de Wirikuta. En una entrevista, De la Cruz destacó que la postulación ante la Unesco refleja una conexión directa con los centros ceremoniales que son vitales para el pueblo wixárika.
El reconocimiento del itinerario sagrado, que se describe poéticamente como una “trenza de senderos”, abarca diversas localidades en estados como Zacatecas, San Luis Potosí, Nayarit y Durango. Esta ruta, que representa el legado cultural de generaciones, es recordada con reverencia por los wixárika, quienes han recorrido este camino ancestral durante años como un acto de conexión con su herencia espiritual.
La historia de la protección de Wirikuta tomó un giro significativo alrededor de 2009, cuando se hizo evidente la presencia de concesiones mineras en el área, algo que dejó atónitos a muchos. Desde ese momento, surgieron movimientos para buscar el reconocimiento de este sitio integral en la Convención del Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad, lo que permitiría no solo la protección material del área, sino también de los invaluable recursos culturales y naturales que alberga.
Sin embargo, surge una preocupación en torno al actual Plan de Manejo de Wirikuta, que incluye un consejo de administración en el que participan presidentes municipales y representantes de la minería, mientras se excluye a los auténticos líderes wixaritari. Esto plantea interrogantes sobre la representación y la voz del pueblo wixárika en decisiones que afectan directamente su futuro.
De la Cruz subraya la importancia de que los representantes wixáritari sean quienes, en coordinación con agencias del gobierno, tomen decisiones cruciales. El Consejo Regional Wixárika por la Defensa de Wirikuta, compuesto por autoridades tradicionalmente elegidas por sus comunidades, se ha erguido como un firme defensor de la causa.
La solicitud más urgente es que Wirikuta sea declarada libre de minería y que se promuevan recursos de amparo para proteger este sitio sagrado. Destacan que la población local, muchas veces desprovista de oportunidades económicas, se ve tentada por el atractivo de la minería. Así, se hace un llamado al gobierno federal para impulsar iniciativas que beneficien a las comunidades locales y respeten su patrimonio.
La visión de los wixaritari es clara: no buscan reclamar tierras, sino que demandan el respeto a sus tradiciones y la salvaguarda de su territorio frente a amenazas externas. Esta lucha es un reflejo de sus profundas raíces culturales y espirituales, y un llamado a todos a tomar conciencia sobre la importancia de preservar no solo un lugar, sino un modo de vida.
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