Alma Abigail Salazar Castillo, una madre de tres hijos y trabajadora de albañilería, se encuentra cumpliendo una condena de 40 años de prisión desde septiembre de 2024, tras ser acusada de extorsión en el Estado de México. Su vida dio un giro inesperado el 28 de abril de 2023, cuando su confianza en una vecina, quien le debía dinero, se convirtió en una trampa que la llevaría a un calvario legal.
Ese día, Alma fue detenida en la puerta de la casa de su vecina Ana, donde esperaba recuperar su dinero de una tanda —una forma de ahorro informal—. Sin embargo, en lugar de un reencuentro pacífico, unos hombres armados y vestidos de civil la arrestaron, junto a su hija de 16 años. En un acto desesperado por proteger a su hija, Alma se subió al vehículo, temiendo que se tratara de un secuestro. Durante el trayecto, soportó maltratos que la dejaron desorientada y asustada.
La fiscalía del Estado de México aceptó las declaraciones de Ana como pruebas, pero, crucialmente, la acusación carecía de evidencias concretas. El abogado Carlos Olvera, uno de los defensores de Alma, ha subrayado que la única base para la acusación fue el dicho de la víctima. Según el relato de Salazar, la suma en cuestión era apenas de 1,000 pesos (unos 58 dólares), y su defensa argumenta que el proceso judicial fue profundamente injusto.
Durante el juicio, la condición de mujer de la víctima se utilizó como un elemento agravante para aumentar la condena. A pesar de que en un principio se le impuso una pena de 40 años, los abogados de Alma apelaron y lograron reducirla a 10 años en febrero de 2025. Sin embargo, la lucha por su libertad continúa y su defensa busca argumentos para liberarla por completo.
Salazar ha enfrentado no solo la adversidad de su sentencia, sino también el abandono inicial de quienes prometieron ayudarle. La abogada que tomó su caso los desilusionó y cobró sin brindar una defensa adecuada. Fue la fundación “Mujeres Unidas por la Libertad”, que se interesó en su caso, la que facilitó la llegada de nuevos abogados para revisar su situación.
Alma, que ha criado sola a sus hijos desde la cárcel, enfrenta el drama de ver cómo sus expectativas para una vida mejor se desvanecen. Su hija mayor, que inicialmente aspiraba a ser bióloga marina, ahora estudia Derecho Penal, impulsada por las dificultades que han tenido que atravesar. Mientras tanto, Alma anhela que la justicia prevalezca y que se reconozca su inocencia en un sistema que a menudo desatiende los matices de la realidad que viven las mujeres en situaciones vulnerables.
Tras casi tres años de reclusión, su historia resuena como un llamado de atención. “Yo solo quiero justicia. Aquí, la mayoría de las personas somos inocentes”, ha expresado Alma, quien espera que su amparo ante el Cuarto Tribunal Colegiado del Estado de México –cuyo fallo se espera en los próximos meses– pueda poner fin a su iniquidad. Su caso no solo plantea cuestionamientos sobre la aplicación de la ley, sino que refleja las luchas cotidianas de muchas mujeres en contextos de marginación.
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