Los costarricenses se dirigieron a las urnas este domingo para elegir a su próximo presidente, con la oficialista Laura Fernández como gran favorita. Con solo 39 años, esta politóloga de tendencia derechista ha centrado su campaña en la necesidad de una postura firme contra la creciente violencia vinculada al narcotráfico, un tema que ha inquietado a la población en los últimos años. La jornada electoral, que duró 12 horas, finalizó a las 18:00 locales (00:00 GMT), con un total de 3.7 millones de votantes convocados no solo para elegir presidente, sino también diputados.
Mientras las urnas se cerraban, las expectativas llenaban las calles de San José y otras ciudades, donde miles de ciudadanos ondeaban banderas y sonaban bocinas a la espera de los resultados, programados para ser divulgados por el tribunal electoral a las 21:00 locales (03:00 GMT del lunes). Diego Araya, un joven cajero de banco, destacó la importancia del voto en un país donde, a diferencia de otros en la región, se puede ejercer la democracia de manera libre: “El desafío más importante es combatir el narcotráfico”.
Laura Fernández busca ganar en primera vuelta, un objetivo respaldado por el 40% de apoyo en las encuestas. Para ello, necesita obtener una mayoría en el Congreso, con el fin de reformar la Constitución y fortalecer el poder del Estado. Su propuesta incluye la terminación de una cárcel inspirada en el sistema implementado por el presidente salvadoreño Nayib Bukele, lo que ha generado tanto apoyo como críticas. Sileny Fernández, una asesora de recursos humanos, argumentó a favor de esta continuidad, citando el buen estado de la economía.
Sin embargo, el avance de la derecha en Latinoamérica, dividiendo opiniones entre apoyo y temor, plantea un escenario complejo. Un potencial triunfo de Fernández consolidaría esta tendencia, especialmente después de victorias recientes en Chile y Bolivia. A pesar de la estrecha relación entre su mentor, Rodrigo Chaves, y Estados Unidos, la administración norteamericana se ha mantenido neutral, expresando solo respeto por el proceso democrático costarricense.
El narcotráfico ha transformado la seguridad en Costa Rica. Se estima que siete de cada diez homicidios están relacionados directamente con esta actividad ilícita, lo que ha llevado a una percepción de crisis en un país que históricamente se consideraba seguro. Bernarda Marín, una cocinera de 70 años, expresó su angustia ante esta situación, mientras que otros votantes, como Jéssica Salgado, apoyaron las duras medidas propuestas por Fernández.
No obstante, existe un creciente temor al autoritarismo. Los opositores acusan a Fernández de intentar replicar el estilo de Bukele, quien ha establecido un régimen con un alto control sobre el poder. Con un contexto en que la democracia y la estabilidad están en juego, figuras como el expresidente Oscar Arias han alertado sobre los peligros de una reforma constitucional que busque la perpetuación en el poder.
A medida que se define el futuro de Costa Rica, la oposición se divide entre 19 candidatos, confiando en que una segunda vuelta o una coalición legislativa logre frenar los avances del oficialismo. Aunque la pobreza ha disminuido, el país enfrenta desigualdades significativas, siendo uno de los seis más desiguales en América Latina según el índice Gini.
Con elecciones decisivas en el horizonte, el rumbo de Costa Rica podría cambiar drásticamente, dependiendo de las decisiones tomadas en este momento crucial. Las horas venideras serán determinantes, no solo para las cifras de votos, sino para el futuro democrático de esta nación.
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