Un tribunal en Australia ha dictado una sentencia de cadena perpetua para Bobby Andrew Weaver, condenado por el asesinato de su amigo de toda la vida, David Thornton. El escalofriante crimen ocurrió en Ipswich y ha sacudido a la localidad por su brutalidad. Según la corte, Weaver disparó a Thornton dos veces en la cabeza, desmembró su cuerpo y lo ocultó en un congelador enterrado en el jardín de una casa, un acto que sucedió durante semanas en un intento por hacernos creer que la víctima aún estaba viva.
La resolución fue emitida el 15 de junio de 2026, tras una minuciosa presentación de pruebas ante el Tribunal Supremo de Brisbane. Weaver y Thornton, amigos desde la infancia en Goodna, compartían un lazo profundo, pero lo que comenzó como una amistad culminó en un crimen horrendo. La sentencia le otorga a Weaver la posibilidad de solicitar libertad condicional en 2039, pero el juez Paul Smith calificó el asesinato de “sangre fría”, reflejando la gravedad de los actos de Weaver.
La historia de Thornton, un exprofesor de matemáticas de 58 años, es particularmente inquietante. Fue visto por última vez el 25 de enero de 2019, tras una reunión con su abogado donde portaba $15,000 en efectivo, sumas vinculadas a un acuerdo inmobiliario. Su desaparición fue reportada por su familia el 12 de marzo de 2019, cuando ya Weaver había estado utilizando su cuenta de Facebook y su teléfono para enviar mensajes a los seres queridos de Thornton, intentando mantener la farsa de que estaba vivo.
Los investigadores comenzaron a hallar inconsistencias en las declaraciones de Weaver. Afirmó que Thornton estaba “desconectado” en Australia Occidental y en su momento se mantuvo en pie firme respecto a su seguridad. Sin embargo, las sospechas crecieron cuando la exesposa de Thornton halló manchas de sangre en la propiedad. La policía, tras una búsqueda exhaustiva, encontró dos congeladores enterrados en el jardín; uno de ellos contenía el cuerpo en avanzado estado de descomposición.
El macabro hallazgo fue corroborado por una autopsia que reveló los disparos mortales y la amputación de las piernas de la víctima. Además, los investigadores desenterraron una sierra que había sido utilizada para desmembrar el cuerpo, así como evidencia de sangre y fluidos corporales en el lugar donde se halló el crime.
Después de su arresto, ocurrido en Byron Bay y su posterior extradición a Queensland, Weaver mostró un comportamiento aún más perturbador. Durante su encarcelamiento, intentó reclutar a otro recluso para asesinar a una de las hijas de Thornton, urdiendo un plan que pretendía disfrazar el crimen como un suicidio.
A medida que el proceso judicial avanzaba, quedó claro que el crimen fue meticulosamente premeditado, con una serie de acciones de Weaver que evidenciaron un desprecio absoluto por la vida humana y la verdad. Con su condena, se abre un capítulo doloroso para la familia de David Thornton, que sigue lidiando con las consecuencias de un acto que desafía la comprensión.
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