En 2025, el panorama laboral en México se tornó crítico, marcando el desempeño más bajo del empleo formal en el siglo. Aunque la población en edad de trabajar creció en más de 800,000 personas, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) solo logró integrar a 72,176 nuevos afiliados. Este escenario se ve agravado por el hecho de que muchos de estos afiliados provienen de trabajadores de plataformas digitales que ya estaban activos en el mercado laboral.
Comparando este año con anteriores administraciones, la cifra de afiliaciones es alarmantemente baja. En los cuatro sexenios previos, el incremento promedio de empleos formales alcanzó los 360,000 anuales. Sin embargo, en 2025, el crecimiento fue de apenas 72,000, lo que indica una disminución considerable en la capacidad del empleo formal para absorber nuevos trabajadores.
La situación es igualmente preocupante del lado de los empleadores. En 2024 y 2025, se registraron caídas significativas en el número de patrones ante el IMSS, con pérdidas de 17,911 y 25,667, respectivamente. Este descenso contrasta fuertemente con las tendencias de crecimiento del siglo y es particularmente notable en empresas pequeñas, las cuales son esenciales para la economía. En años previos, el registro de patrones estaba en aumento, logrando una estabilidad que ahora se ha visto erosionada.
Las pequeñas empresas, aquellas con hasta 50 trabajadores, fueron las más afectadas por esta tendencia negativa que comenzó a notarse a mediados de 2024 y se acentuó en el año siguiente. Esto no solo limita las oportunidades de empleo formal, sino que también alienta la proliferación de la informalidad, un fenómeno que tiene consecuencias graves para la productividad nacional. Actualmente, el sector informal representa el 55% de la fuerza laboral, pero solo aporta un 26% al Producto Interno Bruto.
A pesar de que la mejora del salario y las condiciones laborales deberían ser objetivos fundamentales de las políticas públicas, es crucial que estas medidas vayan acompañadas de un aumento en la productividad. Implementar políticas que busquen mejorar las condiciones laborales sin considerar el potencial productivo puede tener un efecto contraproducente, dañando así la calidad del empleo.
La necesaria mejora en los salarios, los días de vacaciones y otras prestaciones debe estar vinculada a un entorno donde las empresas, especialmente las pequeñas, tengan la oportunidad de crecer y prosperar. Sin este vínculo, las acciones que buscan elevar el bienestar laboral podrían terminar obstaculizando aún más la formalización y el crecimiento económico en el país.
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