La reciente muerte del joven rey Oyo Nyimba Kabamba Iguru Rukidi, a los 34 años, ha desatado una intensa disputa por la sucesión en el reino de Tooro, Uganda. El monarca, quien falleció el 27 de agosto de 2026 en Estados Unidos mientras recibía tratamiento contra el cáncer, dejó un vacío que inmediatamente provocó tensiones entre los miembros del clan real Babiito y la familia del rey.
El 4 de septiembre, el cuerpo del rey llegó a Uganda en una ceremonia con honores, cubierto con la bandera nacional, mientras la comunidad política y social del reino observaba de cerca la situación. En medio de este duelo, el comité del clan Babiito optó por nombrar a Edward Rukidi Kijanangoma, primo del fallecido rey y presentador de televisión en la emisora estatal UBC, como sucesor. Esta decisión, sin embargo, fue rápidamente cuestionada por la hermana del rey, la princesa Ruth Nsemere Komuntale, quien argumentó que el testamento de Oyo priorizaba a su hijo como el legítimo heredero.
El testamento, fechado el 14 de septiembre de 2022, estipulaba que solo un hijo biológico legalmente reconocido podría heredar el trono. La noticia de la existencia de un heredero no se conoció hasta después del fallecimiento del rey, lo que acentuó la polémica. La identidad del niño, cuyo reconocimiento como príncipe se anunció por el primer ministro del reino, será revelada en el momento apropiado, según se indicó.
Además de Kijanangoma, el comité evaluó la candidatura de otro primo del rey, George Desmond Kamurasi, conocido como “Big G”, quien actualmente reside en Londres y decidió no participar debido a otras responsabilidades. Las decisiones del comité chegaram en un momento crítico, mientras se realizaban los preparativos para el entierro programado.
Las diferencias en torno a la sucesión no son nuevas; en 2015, Kijanangoma había manifestado su descontento con la capacidad de Oyo para gobernar, lo que llevó a un trasfondo de rivalidades familiares que se reavivaron tras su muerte. La reina madre, Best Kemigisa Akiiki, ha denunciado que el comité actuó de manera unilateral, ignorando el testamento y las circunstancias familiares.
Las Fuerzas de Defensa Popular de Uganda no han emitido comentario oficial sobre las diversas acusaciones, mientras el presidente Yoweri Museveni afirmó que el rey Oyo dejó un heredero varón y resaltó la influencia positiva que tuvo el monarca en la lucha contra el VIH y el SIDA, sin aprovechar su posición para fomentar divisiones.
El reino de Tooro, uno de los cuatro que fueron restaurados en 1995 tras décadas de prohibiciones sobre los reinos tradicionales, aún conserva una importancia cultural significativa en Uganda. A pesar de no tener poder político formal, el reino enfrenta un momento decisivo en su historia, mientras las disputas por la corona persisten y las intervenciones familiares complican aún más la situación.
El futuro del trono de Tooro y el legado de Oyo Nyimba Kabamba Iguru Rukidi siguen en juego, mientras la comunidad espera ansiosamente una resolución que respete los deseos del difunto rey.
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