En la ciudad de Oviedo, el pasado 6 de septiembre tuvo lugar una celebración significativa en honor al legado del poeta Ángel González, al cumplirse 100 años de su nacimiento. Este evento conmemorativo incluyó homenajes especiales y publicaciones que destacan su vida y obra, caracterizadas por un enfoque en el compromiso social, el amor y la ironía.
La editorial Nórdica lanzó una antología poética titulada Eso era amor, ilustrada por Pablo Auladell y con una introducción del periodista y cineasta Javier Rioyo, que acompaña a una cuidadosa selección de poemas realizada por Verónica Ruiz. En el lugar donde González vio la luz por primera vez, el ayuntamiento de Oviedo también instaló una placa conmemorativa, que lleva la emotiva inscripción: “Palabra sobre palabra nos dejó un mundo mejor”.
El acto se extendió al teatro Filarmónica de la localidad, que fue el escenario de un recital titulado Ángel González, poesía y vida, presentado por la narradora Jordina Biosca y el guitarrista David García. González, cuya trayectoria literaria incluye el prestigioso Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1985) y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1996), es considerado uno de los referentes de la Generación del 50, un grupo de escritores que vivieron y crearon bajo la sombra de la dictadura de Francisco Franco en España.
El poeta, que se unió al Partido Comunista y participó activamente en la lucha clandestina contra la represión franquista, se vio obligado a exiliarse en Nuevo México desde 1972. En una entrevista, destacó su apreciación por el uso claro y coloquial del lenguaje, afirmando que siempre buscó la sencillez en su escritura.
La ironía fue otra de las herramientas fundamentales en su poesía, un recurso que utilizó no solo para eludir la censura, sino también para reflejar la complejidad de la realidad. La vida de González estuvo marcada por la guerra civil española y su herencia republicana, lo que influiría profundamente en su obra.
Su primer libro, Áspero mundo alejado (1956), surgió en un periodo crítico de su salud, mientras luchaba contra la tuberculosis. Posteriormente, publicó obras notables como Sin esperanza, con convencimiento (1961) y Palabra sobre palabra (1965), consolidándose como una voz importante dentro de su generación.
Durante su estancia en Estados Unidos, trabajó como profesor en varias universidades y continuó creando poesía, destacando títulos como Otoños y otras luces (2001) y su obra póstuma, Nada grave (2008). González también abordó en ensayos a los poetas que lo influenciaron, como Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado.
Falleció en Madrid el 12 de enero de 2008, dejando un legado que continúa resonando en la cultura hispanoamericana. La emotividad de su obra y su vida, así como la admiración que generó, fueron capturadas en palabras por el escritor Benito Taibo, quien lo describió como un “poeta, maestro, y amigo entrañable”, aludiendo a la pérdida que su deceso significó para el mundo literario.
En un gesto de cariño, el cantautor Joaquín Sabina dedicó una canción a González, reconociendo su profundo impacto como poeta y la huella que dejó en quienes lo conocieron.
Este homenaje no solo subraya la riqueza de su obra, sino que también resalta la importancia de la poesía como un medio eficaz para explorar y entender la existencia humana, reafirmando que la voz de Ángel González sigue vigente en el panorama literario moderno.
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