En el dinámico paisaje del arte contemporáneo, la exposición “Art of Noise” en el Cooper Hewitt Smithsonian Design Museum de Nueva York destaca una obra singular: una sala de escucha dedicada al sistema de sonido diseñado por Devon Turnbull, conocido como OJAS. Este artista y artesano ha captado la atención gracias a sus innovadoras creaciones en alta fidelidad, incluyendo altavoces, tornamesas y amplificadores, utilizados por personalidades como Virgil Abloh y marcas icónicas como Supreme.
La entrada de Turnbull al mundo del arte ocurrió cuando formó parte de una exposición colectiva en la Lisson Gallery de Nueva York, lo que le permitió continuar su recorrido en “Art of Noise”, una exhibición que se originó en el San Francisco Museum of Modern Art en 2024 y que estará en Nueva York del 13 de febrero al 16 de agosto. En el histórico entorno del museo, su instalación, el HiFi Pursuit Listening Room Dream No. 3, ocupa el antiguo biblioteca personal de Andrew Carnegie, donde se realizan sesiones de escucha varios días a la semana, atraídas por figuras notables del mundo del arte y el cine.
Durante una reciente conversación, Turnbull reflexionó sobre su compromiso con la artesanía y cómo sus creaciones complementan las experiencias en espacios galerísticos. Su trayectoria surgió de un deseo de fusionar el arte con la música, destacando que su obra se ha refinado a lo largo de dos décadas, aunque el reconocimiento tardó en llegar. Inicialmente, su pasión se manifestaba a través de apoyo de amigos influyentes, pero jamás buscó la fama por sí misma.
La conexión con Lisson Gallery se forjó a través de un amigo en común que reconoció su talento y lo presentó al CEO de la galería. En su primera exposición, Turnbull logró crear un entorno inmersivo, diseñando una sala de escucha que no solo presentaba su trabajo, sino que también permitía a los visitantes experimentar el audio como una forma de arte. La respuesta fue inesperadamente positiva: los asistentes no solo entraban, sino que se quedaban, conversando y disfrutando del ambiente.
Las particularidades de la construcción de su equipo de audio son esenciales para Turnbull. Su pasión por los amplificadores de tubos y la búsqueda de componentes de calidad reflejan su enfoque artesanal, distanciándose de los fabricantes tradicionales. En este proceso, busca las mejores piezas, desplazándose a lugares como Japón para adquirir componentes únicos, desafiando las normas de la producción masiva.
Turnbull aclara que su objetivo no es simplemente crear el “mejor sistema de audio”, sino explorar el proceso y la evolución del sonido. Se centra en la búsqueda de la calidad, enfatizando que cada detalle importa. Aunque algunos lo critiquen, él persiste en su convicción sobre la importancia de escuchar música en un entorno específico para apreciar verdaderamente su complejidad y sutileza.
Su trabajo en el Cooper Hewitt ha capturado no solo la atención del público, sino también la curiosidad de aquellos que normalmente no se involucran con el hi-fi. Este enfoque ha fomentado una comunidad, donde la escucha activa y la interacción social son posibles, algo que rara vez se ve en el ámbito de la alta fidelidad.
En el contexto del San Francisco Museum of Modern Art, la respuesta fue mixta; sin embargo, atrajo a una multitud notable, algunos de los cuales eran apasionados del sonido que regresaban semanalmente. Figuras como Beck y Fred again han aportado una energía especial al espacio, creando una conexión palpable entre los artistas y el público.
Devon Turnbull no solo busca crear experiencias de escucha, sino que también está comprometido con una cierta filosofía respecto a su trabajo. La esencia de su arte y sus instalaciones reside en la “búsqueda”, enfatizando que la perfección nunca es un destino. En última instancia, su objetivo es crear un “santuario” donde las personas puedan disfrutar de la música a un nivel más profundo y significativo, resaltando la importancia de la escucha activa en un mundo saturado de estímulos superficiales.
A medida que la exposición “Art of Noise” continúa atrayendo a visitantes en Nueva York, el trabajo de Turnbull sigue resonando como un testamento de la intersección entre el arte y la música, una fusión que invita a la reflexión y el aprecio por la belleza del sonido en su forma más pura.
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