El 8 de marzo tiene un trasfondo histórico profundo, recordando las luchas y movilizaciones de mujeres, como las de las trabajadoras textiles en Nueva York en 1908, quienes exigían mejores condiciones laborales. Esta fecha no es solo un momento de celebración, sino una conmemoración de los desafíos que enfrentan las mujeres en todo el mundo. En 1977, la Asamblea General de la ONU reconoció oficialmente el Día Internacional de la Mujer, estableciendo un espacio para visibilizar los problemas sociales y de género.
A medida que se acerca este día, es crucial que los líderes en las organizaciones comprendan la importancia de sus acciones. Muchas veces, con buenas intenciones, se pueden errar, como ocurre al felicitar o regalar algo a las mujeres del equipo. Aunque la intención no sea mala, tales acciones pueden interpretarse como una minimización del significado real de esta conmemoración, llevando a una sensación de invalidación y a un impacto negativo en el ambiente laboral.
La consultora en cultura organizacional, Consuelo Zermeño, hace hincapié en la necesidad de distinguir entre conmemorar y celebrar. Conmemorar es recordar, reflexionar sobre los logros y retos, mientras que celebrar evoca una festividad. Este malentendido puede llevar a que los esfuerzos por visibilizar la lucha de las mujeres queden opacados por acciones superficiales.
Para evitar caer en estas trampas, es recomendable que los líderes tomen en cuenta ciertos aspectos. En primer lugar, evitar el silencio sobre el Día Internacional de la Mujer es fundamental; ignorar la fecha puede interpretarse como una falta de reconocimiento a los logros y luchas de las mujeres en el ámbito laboral. También es importante abstenerse de realizar comentarios que puedan ser considerados microagresiones, ya que fomentan un ambiente de trabajo hostil. Este tipo de actitudes no solo afectan a las mujeres, sino que crean un entorno desfavorable para la diversidad e inclusión en general.
Entonces, ¿cómo pueden los líderes contribuir positivamente en este día tan relevante? Primero, es vital crear espacios de conversación que permitan reconocer y valorar las contribuciones de las mujeres en la organización. Las juntas de retroalimentación o dinámicas que inviten a la participación son buenas alternativas. Incentivar a las mujeres a que expresen sus retos y logros no solo es necesario, sino que también demuestra un compromiso real hacia la equidad.
Además, las acciones deben seguir a las palabras; es esencial que los líderes no solo hablen sobre el cambio, sino que actúen en consecuencia. Realizar un análisis sobre la situación de las mujeres en la empresa, desde planes de desarrollo hasta brechas de género en posiciones de liderazgo, puede traer cambios significativos.
Más que una simple conmemoración, el 8 de marzo representa una oportunidad valiosa para que las organizaciones reevalúen sus prácticas internas y alineen su discurso con acciones concretas en favor de la equidad de género. En un mundo que avanza hacia la inclusión, es imperativo que cada líder tome un papel activo en esta transformación, mirando más allá de la superficie y planteando un cambio genuino que contribuya a un futuro más equitativo.
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