El reciente desmantelamiento institucional y la práctica del micromanagement llevada a cabo por el expresidente Andrés Manuel López Obrador han marcado un capítulo singular en la historia política de México. La administración de un país con más de 130 millones de habitantes ha intentado abarcar todos los rincones de la gobernanza, generando un estilo que podría considerarse tanto ambicioso como problemático.
La creación de una maquinaria propagandística, adaptada a su estilo de gobernar, ha silenciado, en muchos sentidos, cualquier tipo de oposición relevante. En un contexto electoral, este enfoque parece favorecer a la Cuarta Transformación (4T), al igual que a cualquier otro partido que busca perpetuarse en el poder. Sin embargo, dada la complejidad geopolítica actual, resulta crucial revisar esta práctica de micromanagement. El riesgo de que esta forma de gobernanza se mantenga inalterable podría llevar al fracaso de importantes proyectos estratégicos.
En un contexto de reflexión sobre el Poder Judicial, la expresión de Norma Piña, quien fuera presidenta de la Suprema Corte, resuena con fuerza. A raíz de la presión ejercida por la 4T, Piña destacó en una reciente conferencia que la meritocracia no debería considerarse un privilegio de los jueces, sino una garantía para los ciudadanos de que se emitirán fallos imparciales. Su crítica a la reforma judicial de 2024, la cual, sin un diagnóstico previo, provocó el reemplazo de jueces por perfiles inadecuados, subraya un reconocimiento implícito del fracaso de dicha reforma.
A medida que el país lucha contra una violencia generalizada, la indiferencia hacia actos de barbarie puede resultar abrumadora. Sin embargo, casos como la trágica masacre de una familia, que incluyó la muerte de una mujer embarazada y una niña de tres años, suscitan indignación colectiva. Por otro lado, la muerte de Leonel, un niño de cinco años víctima del maltrato por parte de su madre y su pareja, es un recordatorio escalofriante de la maldad que puede habitar entre nosotros.
Este tema de la maldad se entrelaza con la política, como lo evidencian las respuestas de figuras como la presidenta Claudia Sheinbaum ante las reflexiones de su compañero Ricardo Monreal. Su desdén por los problemas subyacentes señala la desconexión entre los discursos oficialistas y la dura realidad que enfrenta el país. Por otro lado, México ha solicitado la extradición de Linda Cristina Pereyra a Estados Unidos, en un intento por juzgarla en el país, aunque este proceso aún está en evaluación por las autoridades estadounidenses.
Finalmente, es pertinente destacar la responsabilidad de las instituciones y la necesidad de que la Fiscalía General de la República tome en serio el fenómeno de los asesinatos políticos, que se han convertido en parte tristemente normalizada de la violencia en la actualidad. La Cuarta Transformación debe entender que mientras sus obras, como el Tren Maya, pueden ser vistas como responsables invaluables, la percepción pública sobre su gestión es algo que no se puede eludir.
La reflexión es clara: el estilo de gobernanza actual debe ser repensado para enfrentar los desafíos contemporáneos. En un México donde los gestos políticos son cada vez más cuestionados, es imperativo que el liderazgo no se pierda en el ruido mediático, sino que realmente actúe para abordar la esencia de los problemas que enfrenta nuestra sociedad.
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