Han transcurrido tres años desde aquel verano en el que un alarmante número de jóvenes denunciaron haber sido drogadas en discotecas mediante pinchazos. Al principio, muchos se cuestionaban si se trataba de una realidad o simplemente de una histeria colectiva. Sin embargo, lo que se ha comprobado es que la sumisión química es un problema persistente y difícil de erradicar, que generalmente se lleva a cabo a través de la adulteración de las bebidas en lugar de con pinchazos directos. Ante esta problemática, un equipo de investigadores coreanos ha presentado una innovadora solución: un tatuaje temporal que podría convertirse en una herramienta crucial para reducir el número de incidentes de este tipo.
Este tatuaje, que puede aplicarse en cualquier parte del cuerpo, reacciona al contacto con una gota de bebida, adoptando un color rojo en tan solo un segundo si detecta la presencia de éxtasis líquido, una de las drogas más utilizadas en casos de sumisión química. Aunque es sabido que otros compuestos también se emplean para este fin, hasta ahora la única sustancia testeada ha sido el GHB. Este avance es prometedor, ya que el tatuaje actúa de forma más rápida que las tarjetas y tiras generalmente utilizadas para detectar sustancias en bebidas, un factor crucial para identificar al responsable de un posible ataque y prevenir que se materialicen robos o agresiones sexuales.
La concepción del tatuaje fue ingeniosa. Los investigadores crearon un molde sobre una película de plástico decorada con diseños que imitan tatuajes reales. En el molde, se vertió una mezcla de gel que incluye un receptor químico que se torna rojo al entrar en contacto con el γ-hidroxibutirato (GHB), conocido en España como “biberón” o “éxtasis líquido”. Fundamentalmente, este compuesto es comúnmente asociado a delitos de sumisión química.
Después de desmoldar la mezcla, la parte trasera fue cubierta con una solución de pegamento diluido, permitiendo que el tatuaje temporal se adhiera a la piel. Las pruebas iniciales se realizaron utilizando diferentes tipos de bebidas, como whisky, vodka, cerveza y café, y en todos los casos, el tatuaje logró detectar la presencia de GHB en niveles inferiores a los que provocarían síntomas. Simplemente se necesita que el usuario introduzca un dedo en la bebida y deje caer una gota sobre el tatuaje para experimentar la reacción.
El interés por la detección de GHB no es arbitrario. A pesar de su nombre, este “éxtasis líquido” no provoca estímulos, sino que actúa como un depresor del sistema nervioso central. Al ser combinado con alcohol, puede provocar somnolencia y amnesia, características que algunos individuos utilizan recreativamente, pero que también son mal utilizadas para incapacitar a víctimas en robos o agresiones. Esta es una de las razones por las que se ha priorizado dicha sustancia para la detección con este innovador tatuaje.
Aunque se espera que, con el tiempo, puedan desarrollarse pruebas para otras drogas, como la escopolamina, la realidad es que la existencia de herramientas como este tatuaje temporal es alarmante, revelando la persistente peligrosidad a la que se enfrentan muchas personas en situaciones sociales. La creación de esta tecnología debería servir como un recordatorio de la necesidad de seguir fortaleciendo la seguridad en los espacios públicos, brindando opciones adicionales que ayuden a prevenir la sumisión química en un contexto donde la confianza debería ser la norma.
Ojalá no fueran necesarias tales innovaciones y cualquier persona pudiera disfrutar de una salida nocturna sin temor a que algún criminal haya envenenado su bebida. Sin embargo, en el mundo en que vivimos, es fundamental que se lleve a cabo una mayor difusión y aceptación de medidas de protección como esta, con la esperanza de que el tatuaje temporal se convierta en una defensa común en las fiestas y reuniones.
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