Cuando Patrice Lawrence recibió la noticia de que sería la próxima laureada de la infancia en el Reino Unido, su reacción fue de incredulidad. A sus 59 años, la autora reconocida por obras como Orangeboy y Indigo Donut se siente honrada al unirse a una ilustre tradición que incluye a figuras como Jacqueline Wilson y Malorie Blackman. Para Lawrence, estas escritoras han sido fundamentales en su propia trayectoria literaria.
Desde su nombramiento, ha compartido su visión de utilizar la literatura como una herramienta para fomentar la inclusión en una sociedad cada vez más fracturada. En un contexto donde muchos niños experimentan inseguridades debido a la división social, Lawrence cree firmemente que los libros pueden crear un sentido de pertenencia. Compara la experiencia de leer en grupo con la alegría compartida de una canción conocida en un concierto, un momento de unión que espera replicar a través de sus historias.
Antes de convertirse en una autora prominente, Lawrence dedicó años a trabajar en organizaciones que abogan por los derechos de los niños y la justicia social. Su carrera literaria despegó a los 49 años con Orangeboy, una novela que aborda la vida de un adolescente en Hackney inmerso en la violencia de pandillas. Este éxito le permitió consolidarse como una voz genuina en la literatura juvenil, ganando varios premios prestigiosos.
Uno de los objetivos de Lawrence durante su mandato como laureada es evidenciar cómo las historias impactan la vida de los niños. Planea recopilar investigaciones que documenten la influencia de la literatura en grupos vulnerables, como niños en acogida y familias de inmigrantes, buscando así cambiar políticas mediante la evidencia.
Creció en un entorno familiar que valoraba la lectura: sus padres, originarios de Trinidad, ambos enfermeros en el Reino Unido, aseguraron que desde pequeña estuviera en contacto con libros. Sin embargo, durante años, se sintió excluida del mundo de la literatura infantil, convencida de que los libros eran una esfera reservada para autores blancos. Fue la adaptación de Pig-Heart Boy de Malorie Blackman en 1999 la que le permitió repensar su potencial como escritora, alentándola a explorar su voz y su identidad.
Como laureada, Lawrence quiere que todos los niños se vean reflejados en su trabajo, asegurando que su presencia sea significativa no solo para la comunidad negra, sino también para aquellos de trasfondos diversos, incluyendo familias trabajadoras y niños en hogares de acogida.
A medida que el Reino Unido enfrenta una crisis de lectura infantil, un reciente estudio reveló que solo una de cada tres personas jóvenes de 8 a 18 años disfruta de la lectura en su tiempo libre, lo que representa un descenso del 36% en dos décadas. Lawrence, sin embargo, adopta una perspectiva optimista. Su descenso a escuelas y bibliotecas le ha permitido ver el entusiasmo de muchos jóvenes por la lectura. “Camino por estos eventos y veo a niños que tratan a los autores como rock stars”, comenta, resaltando que a pesar de los desafíos actuales, hay un vibrante amor por los libros entre los jóvenes de hoy.
Su enfoque es claro: para restaurar el placer de leer, es fundamental reenfocar la educación y desasociar la lectura del mero desempeño académico. “Necesitamos recordar que leer debe ser una experiencia placentera”, enfatiza, convencida de que incluso en estos tiempos complicados, la literatura puede ser una luz que guíe a las futuras generaciones.
Las bases de su trabajo como laureada están cimentadas en la creencia de que cada niño merece verse reflejado en la literatura, y está decidida a hacer que la voz de los jóvenes sea escuchada, impulsando un cambio tangible en una sociedad que necesita conectar y sanar.
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