El Gobierno ruso ha tomado medidas drásticas frente a una crisis de abastecimiento de combustible que ha afectado a 78 de las 83 regiones del país. Este miércoles, se anunció la prohibición de exportaciones de diésel, que permanecerá en vigor hasta el 31 de julio de 2026. Esta decisión se produce en el contexto de una serie de ataques ucranianos con drones que han impactado significativamente las refinerías rusas, complicando aún más la situación del mercado interno.
El viceprimer ministro Alexánder Nóvak, en una reunión televisada con el presidente Vladímir Putin, destacó que la situación no es fácil y que la prohibición también afecta a los productores de diésel, no solo a los intermediarios. En junio pasado, se registró que Turquía y Brasil representaban alrededor de la mitad de los cargamentos disponibles de crudo ruso.
El anuncio de la prohibición impulsó de inmediato los mercados, con los márgenes de referencia del diésel europeo alcanzando un récord histórico de 60,17 dólares por barril. Esto resalta la importancia de Rusia en el comercio mundial, ya que en 2025, se estimó que el país aportaba aproximadamente el 11% de la oferta global de diésel, según datos de la firma de análisis Vortexa.
La crisis tiene su origen en una campaña intensificada de ataques ucranianos que comenzó en el segundo semestre de 2025. En agosto de ese año, Ucrania logró impactar más de una docena de instalaciones petroleras en menos de cuatro semanas. Para octubre de 2025, se confirmó que 21 de las 38 grandes refinerías del país habían sido alcanzadas desde enero, y las sanciones occidentales han complicado aún más la importación de componentes esenciales para las reparaciones, lo que ha prolongado la inactividad de las plantas afectadas.
El ataque más reciente, el 6 de julio, resultó en daños a la refinería de Omsk, la más grande del país, que tuvo que detener operaciones al día siguiente. Actualmente, la capacidad combinada de las instalaciones paralizadas ya supera una cuarta parte del total nacional. Esto ha generado una escasez palpable de combustible, con informes de largas colas en gasolineras y la instauración de límites en la venta en 38 regiones, sumando tres —Penza, Irkutsk y Zabaykalsky— que han declarado estado de emergencia.
Las medidas de emergencia implementadas incluyen la postergación de mantenimiento en refinerías para sostener la producción y la extensión por un año de la exención arancelaria para combustibles importados, lo que destaca una dependencia inusitada para un país que históricamente ha buscado la autosuficiencia energética. A esto se suma la reciente decisión del Kremlin de relajar los estándares medioambientales, permitiendo que ciertas refinerías produzcan gasolina con un contenido de azufre hasta tres veces superior al que estipulan las normas Euro-5.
Los ingresos del estado ruso provienen en un 25% de los impuestos sobre petróleo y gas. En 2025, los ataques ucranianos causaron pérdidas de 13.000 millones de dólares a las compañías petroleras rusas, amenazando con reducir los ingresos potenciales en hasta 100 millones de dólares diarios. La reciente prohibición de exportaciones, que entra en vigor en un contexto crítico, pone de relieve la incapacidad del Kremlin para manejar los daños. A medida que la situación evoluciona, el futuro de la industria petrolera rusa parece más incierto que nunca.
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