Los tsunamis son fenómenos naturales que pueden tener efectos devastadores en las comunidades costeras y suelen ser desencadenados por sismos de gran magnitud. Aunque México ha registrado históricamente este tipo de eventos, en los últimos años no se ha documentado ninguno significativo. El país, situado en una de las zonas sísmicamente más activas del mundo, es utilizado por las placas tectónicas del Cocos y del Pacífico, que a menudo provocan temblores, aunque no siempre resultan en tsunamis.
Según registros de la Secretaría de Marina, en los últimos 284 años se han documentado más de 60 tsunamis en territorio mexicano. Las olas provocadas por estos fenómenos han alcanzado alturas de 2.5 metros cuando su origen fue alejado, y hasta 5 metros en casos de origen local. Esto indica la importancia de la preparación y respuesta ante eventos de esta naturaleza.
La última instancia en que un tsunami impactó México sucedió el 7 de septiembre de 2017, tras un sismo con magnitud 8.2, localizado a 133 kilómetros al suroeste de Pijijiapan, Chiapas. Este fuerte movimiento telúrico resultó en la pérdida de más de 228 vidas y, aunque se registraron olas de hasta 1.5 metros en Puerto Chiapas, las variaciones del nivel del mar persistieron durante varias horas debido al efecto de resonancia en los puertos semicerrados.
Un evento notable en la historia de los tsunamis en México tuvo lugar el 28 de marzo de 1787, cuando un sismo mayor a magnitud 8.0 cerca de San Marcos, Guerrero, provocó un tsunami que afectó las costas de Oaxaca, Guerrero y Michoacán, sintiéndose incluso en la Ciudad de México. Se cuenta en una carta del alcalde de Igualapan que “el mar se vio correr en retirada, y luego crecer y rebosar sobre el muelle”. Este episodio devastador es un recordatorio del poder de la naturaleza.
Otro importante terremoto ocasionó un tsunami en Guerrero, donde las olas alcanzaron hasta dos metros de altura, avanzando 300 metros sobre la ciudad. La región ha experimentado sus riesgos sísmicos y de tsunamis, subrayando la necesidad de monitoreo, educación y preparación en las poblaciones costeras.
Como parte de la cultura informativa, es esencial mantenerse al tanto de dichos eventos y preparar a la población para posibles desastres naturales. La historia de los tsunamis en México no solo destaca eventos catastróficos, sino también la resiliencia y necesidad de adaptarse ante la amenaza que representan estos fenómenos.
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