El sueño de tener vivienda propia persiste entre los mexicanos, dado que un notable 76% de la población aspira a conseguirlo, según el Ipsos Housing Monitor. Sin embargo, la realidad económica es un fuerte obstáculo, ya que no todos cuentan con la capacidad financiera necesaria para alcanzar este objetivo. Un análisis profundo revela que, a nivel nacional, el costo promedio de una propiedad se sitúa en 1.86 millones de pesos, lo que implica que una persona necesitaría demostrar ingresos mensuales de al menos 32,140 pesos para acceder a un crédito hipotecario.
La situación se complica considerablemente en la Ciudad de México, donde el ingreso mínimo requerido para comprar una vivienda asciende a 67,855 pesos mensuales. Preguntarse cuántas personas realmente ganan esa cantidad resalta aún más la desconexión entre los aspirantes a propietarios y la realidad del mercado inmobiliario.
Utilizando un simulador de créditos hipotecarios de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), es posible observar que, para adquirir un inmueble con el valor promedio de 1.86 millones de pesos, se necesitaría un enganche del 20%, equivalente a 372,604 pesos, y optar por un plazo de 20 años. Bajo estas condiciones, los ingresos mensuales requeridos varían entre 32,140 y 59,900 pesos, dependiendo de la entidad financiera elegida. Aquellas que exigen menores ingresos suelen compensar con un desembolso inicial más alto o tasas de interés ligeramente superiores.
El escenario es aún más preocupante en la Ciudad de México, donde una propiedad promedio se valora en 3.93 millones de pesos, y las instituciones financieras demandan ingresos mensuales de entre 67,855 y 125,215 pesos. Este requerimiento es prácticamente inalcanzable para gran parte de la población capitalina.
En el tercer trimestre de 2025, se registraban 59.5 millones de personas ocupadas en México, pero solo 465,290 ganaban más de cinco salarios mínimos, cifra necesaria para aspirar a una propiedad de este costo. Además, otros 1.35 millones de individuos percibían entre tres y cinco salarios mínimos, generando una situación donde solo un pequeño segmento podría acceder a créditos hipotecarios.
La desconexión entre los precios del mercado inmobiliario y la capacidad adquisitiva de la mayoría de los hogares es notable. Expertos como Mireya Pasillas, del ITESO, enfatizan que la vivienda se está construyendo más como una inversión que para realmente admitir a sus ocupantes, lo que fomenta la especulación. Para remediar esta situación económica, se requiere una política pública que busque equilibrar los intereses del mercado y las necesidades habitacionales.
Ante esta inquietante realidad, no todo está perdido. Es factible establecer un plan de ahorro e inversión que permita reunir un enganche más alto, facilitando así el acceso a un crédito. También se puede explorar el ámbito de las preventas, donde los precios suelen ser más atractivos, o considerar opciones de cofinanciamiento, por ejemplo, con Infonavit. Adicionalmente, un enfoque colaborativo, adquiriendo un inmueble con familiares o amigos, puede permitir a los interesados juntar sus ingresos y así acceder a un mejor financiamiento.
Los datos reflejan un panorama desafiante, pero con una planificación adecuada y explorando distintas alternativas, el sueño de tener una casa propia puede estar más cerca de lo que parece.
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