El despliegue de las Fuerzas Armadas en México ha experimentado un crecimiento exponencial en el contexto de la autodenominada Cuarta Transformación. En medio de un clima de inseguridad, los datos revelan un cambio notable en el uso de elementos militares para tareas de seguridad pública a lo largo de los años.
En 2007, durante la administración de Felipe Calderón, el promedio de elementos militares asignados a la seguridad era de 45,000. Para 2012, al finalizar su sexenio, esta cifra creció a 49,640, lo que representa un incremento del 10.3%. Sobresale en este periodo el caso de Chihuahua, donde el número de efectivos se disparó un asombroso 551%, pasando de 1,160 a 7,552.
El panorama dio un giro en 2013, cuando Enrique Peña Nieto asumió la presidencia. En su primer año, el despliegue militar se redujo a 34,529, pero durante su mandato, el total volvió a ascender, alcanzando 54,980 militares para 2018, lo que equivale a un aumento del 59.2%. Guerrero se destacó como un punto crítico, con un aumento del 67% en los efectivos asignados, pasando de 3,605 a 6,021.
A inicios del sexenio de Andrés Manuel López Obrador en 2019, el número de militares se situó en 52,070. A pesar de que en campaña el entonces candidato prometió reducir la militarización, los datos muestran que el despliegue pasó de ser un tema de debate a convertirse en una realidad histórica. Se prevé que para finales de su administración en 2024, el personal militar para seguridad llegue a 100,226, lo que representa un aumento nada despreciable del 92.4% en comparación con el inicio de su mandato.
En la Ciudad de México, el incremento ha sido espectacular, pasando de 1,126 elementos en 2018 a 9,135 en 2024, un aumento monumental del 711%. Este refuerzo en la capital subraya la creciente preocupación por la seguridad en áreas urbanas.
Los últimos datos, que abarcan desde el 2024 hasta febrero de 2026, indican un descenso drástico en el despliegue de militares bajo la administración de Claudia Sheinbaum, con un total de 32,913 efectivos, lo que plantea interrogantes sobre la dirección futura de la política de seguridad en el país.
El análisis de estos números resalta el dilema de la militarización y su impacto en la estrategia de seguridad nacional, así como las posibles repercusiones en la percepción pública de la autoridad y la seguridad en la sociedad mexicana.
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