Cuba enfrentó un nuevo apagón a escala nacional el pasado viernes, marcando así el séptimo del año en un contexto de creciente crisis económica y energética. A las 12 del mediodía, un fallo en las líneas de transmisión afectó inicialmente a las cinco provincias del oeste, incluida La Habana, antes de extenderse a todo el país y dejar sin electricidad a sus 9.4 millones de habitantes.
Las autoridades cubanas, a través de la estatal Unión Eléctrica (UNE), anunciaron su conexión a la red eléctrica a las 20:00 hora local. Sin embargo, la alegría por la restauración del Sistema Eléctrico Nacional fue efímera, dado que el déficit de generación persiste, lo que promete mantener a la población en un ciclo de apagones. “Es severa la afectación”, reconoció Lisner Cruz, directivo de la UNE, en sus declaraciones por televisión.
En La Habana, solo el 48% de los hogares contaba con servicio eléctrico la noche del apagón. Lucía Martínez, pensionada y residente en el oeste de la capital, compartió su experiencia: “Tuvimos aproximadamente cuatro horas de luz por la tarde, pero luego volvieron a cortar”. La restauración del servicio tardó cerca de 30 horas, lo que representa una mejora respecto al apagón anterior en enero, que duró más de 36 horas.
La situación se ha visto todavía más complicada debido a la obsolescencia de las siete plantas termoeléctricas que son la columna vertebral de la red eléctrica cubana. Desde la implementación del bloqueo petrolero y otras sanciones por parte del gobierno de Donald Trump, el suministro de combustible necesario para operar estas plantas se ha vuelto crítico, dificultando la generación de electricidad.
Cruz subrayó que, de contar con los combustibles adecuados, el restablecimiento de la red eléctrica sería significativamente más rápido. La gravedad de los apagones ha llevado a interrupciones que en ocasiones superan las 30 horas en la capital y, en algunas provincias, los cortes han llegado a extenderse por más de 60 horas seguidas.
La Habana pone el foco de la crisis en las sanciones de Washington, mientras que Estados Unidos señala la ineficiencia de la gestión económica cubana como la causa primaria de esta problemática. El país atraviesa una fase crítica en la que cualquier mejora en la red eléctrica es vital para el bienestar de su población.
Este ciclo de apagones, alimentado por factores internos y externos, genera una incertidumbre que afecta no solo la vida diaria de los cubanos, sino también la percepción internacional del manejo económico del país. A medida que avanza el año, la esperanza de una pronta solución se encuentra lejos, a menos que se logren abordar de manera efectiva las raíces de esta crisis.
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