David Haskell, editor en jefe de una de las revistas más influyentes de Estados Unidos, ha desarrollado en paralelo una notable carrera como escultor. Desde hace doce años, ha estado modelando cerámica en su estudio del Brooklyn Navy Yard, donde trabaja dos veces por semana. Su dedicado esfuerzo se cristaliza ahora en su primera exposición individual, “Boom Beach”, que se celebra en la galería Donzella Ltd., ubicada en el décimo quinto piso del New York Design Center en 200 Lexington Avenue.
Haskell, conocido por su estilo distintivo que combina elegancia y confianza, presentó su trabajo reciente de una manera que desmitifica la relación entre el arte y la audiencia. Vestido de manera sofisticada, interactuó con sus piezas como si fueran extensiones de su propio proceso creativo. Su exposición incluye 68 obras, principalmente cerámicas, junto con algunas esculturas de bronce y vidrio. Cada pieza, aunque abstracta, evoca una sensación de haber sido modelada por el tiempo y la gravedad, más que por manos humanas.
Desde su regreso a la cerámica en 2013, tras haberla practicado en su adolescencia, Haskell ha evolucionado de hacer macetas para plantas a crear esculturas complejas. “Ojalá tuviera más tiempo en el estudio”, comentaba, pero reconoce que también hay una pureza en el trabajo que hace, desprovisto de la presión de las ventas o encargos. Esta libertad le permite explorar conceptos sin la necesidad de satisfacer a los compradores.
La conexión entre su labor editorial y su práctica artística es innegable. Haskell describe su enfoque en ambas disciplinas a través de la música, mencionando que busca la sincronía y el ritmo, tanto en la edición de artículos como en la creación de sus esculturas. El proceso artístico, en verdad, es un juego de equilibrio que implica modificaciones precisas y un sentido del momento adecuado.
Dicha interrelación no está exenta de desafíos. La industria del arte ha mostrado una creciente desconfianza hacia figuras públicas que emergen en el mundo del arte, a menudo vinculadas con prácticas superficiales. Haskell responde a estas críticas con una notable desafección: “Estoy cómodo con lo que cualquiera piense”. Este enfoque honesto se traduce en “Boom Beach” como un proyecto genuino y no como un simple pasatiempo.
La exhibición, que se inspira en un tramo de costa de Maine que Haskell ha visitado a lo largo de los años, permanece abierta hasta el 30 de junio. Las obras de Haskell, que oscilan en precio desde menos de 2,000 dólares por sus cerámicas más pequeñas hasta aproximadamente 15,000 dólares por sus bronces más grandes, ya han captado la atención de diseñadores y coleccionistas.
A lo largo de su trayectoria, Haskell ha demostrado que la dedicación y la pasión por su arte pueden coexistir con una carrera en el Periodismo, presentando “Boom Beach” no solo como una exposición, sino como la culminación de un viaje personal de exploración y creatividad.
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