Hoy en día, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT) tienen la llave para definir el futuro de la reforma electoral en México. Sin embargo, el poder que actualmente ejercen es un fenómeno relativamente reciente. Hasta antes del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, ambos partidos eran fuerzas marginales, a menudo al borde de perder su registro, famosos más por sus escándalos que por su contribución significativa a la política mexicana.
Desde la llegada de López Obrador y la consolidación de la coalición Juntos Hacemos Historia, tanto el PVEM como el PT han visto un crecimiento inusitado. Lograron obtener un peso relevante en la Cámara de Diputados y el Senado, convirtiéndose en aliados imprescindibles para las reformas propuestas tanto por López Obrador como por la presidenta Claudia Sheinbaum en su primer año de gobierno. No obstante, hoy utilizan su fuerza para resistir una reforma electoral que busca reducir la influencia de las cúpulas partidistas, lo que ha llevado a Sheinbaum a lidiar con un respaldo mayoritario solo de su partido, Morena.
El contexto en el que ambos partidos operan está lleno de tensiones. La resistencia al regreso de un “partido de Estado”, una línea argumentativa utilizada por los líderes de estas organizaciones, en realidad es un intento de proteger privilegios adquiridos durante años. Su historia está marcada por escándalos, opacidad en la gestión de recursos multimillonarios y liderazgos que se perpetúan mediante dinastías familiares.
El PVEM, fundado en 1986, inicialmente se presentó como un partido ecologista, pero en la práctica ha coqueteado con diferentes fuerzas políticas. Desde su primera incursión en las elecciones federales en 1991, se ha alineado con el PRI y el PAN en varias ocasiones. En 2018, después de otorgar a Morena los votos necesarios para alcanzar la mayoría absoluta, se formalizó una alianza que ha transformado radicalmente su papel en el Congreso. Hoy, con un 8.9% de la votación en 2024, se posiciona como la tercera fuerza en ambas Cámaras, lo que les permitirá acceder a un financiamiento significativo.
Por su parte, el PT tiene sus propias peculiaridades. Fundado en 1990, ha sido históricamente vinculado a figuras del salinismo, pero ha logrado mantener relevancia electoral a través de alianzas estratégicas, especialmente con el PRD y, más recientemente, con Morena. A pesar de haber perdido su registro en 2015, un caso excepcional le permitió mantenerse en la contienda. Ahora, con un 5.8% de la votación nacional en 2024, es la cuarta fuerza en la Cámara de Diputados, aunque enfrenta un descenso en su intención de voto.
A medida que se acercan las elecciones de 2027, las diferencias sobre la reforma electoral están poniendo en tensión la coalición oficialista. La presidenta Sheinbaum ha declarado que presentará la reforma, independientemente del apoyo de sus aliados, dejando la decisión de continuar con la coalición a Morena. En esta coyuntura política, el futuro de la alianza entre Morena, el PVEM y el PT es incierto, ya que las decisiones que se tomen en torno a la reforma podrían redefinir el panorama electoral en los próximos años.
En conclusión, el tablero político en México se encuentra en un delicado equilibrio, donde los antiguos aliados podrían convertirse en obstáculos que redefinirán las estrategias electorales de los próximos años. La historia reciente de estos partidos y su evolución en el contexto actual revelan la complejidad del sistema político mexicano y los desafíos que enfrenta para avanzar hacia un sistema electoral más justo.
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