Durante años, la provincia de Jaén ha cargado con un estigma: la percepción de que carece de riqueza cultural y gastronómica. Sin embargo, un reciente documental titulado “Decían que aquí no había ná” desafía esta noción simplista y propone una mirada más profunda sobre la evolución gastronómica de esta región.
El largometraje, dirigido por Jorge Fernández Mayoral y coescrito con María Moreno Novoa, se estrenó el 12 de marzo de 2026 en el Teatro Echegaray durante el Festival de Málaga. Con una duración de 82 minutos, fue reconocido con la Biznaga de Plata al mejor largometraje de la sección Cinema Cocina, mientras que el premio del público se otorgó a “Todos los días domingo”.
La esencia de este documental no se limita a enumerar logros culinarios. A través de su narrativa, refleja la transformación cultural y gastronómica de Jaén, un territorio que, en menos de diez años, ha emergido como un punto de referencia dentro de la gastronomía española. La obra comienza con la obtención de cinco estrellas Michelin en siete años, un logro que resuena, pero que va más allá de cifras: se adentra en temas como identidad, migración y orgullo territorial.
No se trata de un homenaje a una cocina de lujo, sino de una exploración del cambio que enfrenta Jaén a través de la gastronomía. Utiliza la cocina como lengua para describir un territorio en transformación, y esta historia se enriquece con textos de Antonio Muñoz Molina y la danza contemporánea de Marcat Dance. Así, el documental se aleja del concepto tradicional de reportaje gastronómico.
El símbolo del proyecto se destaca en la figura del chef Juan Carlos García, del restaurante Vandelvira, quien popularizó la frase “Decían que en Jaén no había ná” al aparecer con una camiseta que la portaba en la gala de la Guía Michelin de 2024. Los cocineros que reflejan esta revolución gastronómica son Pedro Sánchez de Bagá, Juan Aceituno de Dama Juana, y los recientemente reconocidos Juan Carlos García, Javier Jurado de Malak y Juanjo Mesa de Radis.
El crítico punto a destacar es que el reconocimiento no solo se centra en acumular estrellas Michelin, sino en construir una escena gastronómica con identidad propia, anclada en el territorio y libre de imitaciones. Esta transformación se traduce en un relato que habla de la dignidad de una provincia y de las raíces culturales que la sustentan.
El director, con un trabajo anterior en el ámbito social y gastronómico, ahonda en narrativas que trascienden la mera estética culinaria. Se interesa por las historias humanas y la dimensión cultural de la cocina, lo que ha hecho que “Decían que aquí no había ná” resuene en un contexto donde la gastronomía se convierte en un vehículo para hablar de identidad y comunidad.
Este documental no intenta demostrar que en Jaén había algo oculto; más bien, muestra que siempre ha existido mucho: producto, cultura, y una ambición colectiva por reivindicar una cocina con voz propia. Al final, esta producción ofrece una lección sobre cómo la gastronomía puede servir para contar la historia de un territorio y su gente, revelando que los movimientos significativos no siempre surgen en los lugares más evidentes, sino en aquellos que luchan por ser reconocidos.
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