Las tensiones en la península arábiga han alcanzado un nuevo clímax tras la reciente intercepción de múltiples misiles balísticos por parte de las defensas aéreas de Arabia Saudita. Este ataque, atribuido a los rebeldes hutíes de Yemen, se produjo en respuesta a un bombardeo dirigido por el ejército del Gobierno yemení, que buscaba obstaculizar el aterrizaje de un avión de Mahan Air. Este vuelo transportaba a una delegación hutí que regresaba de Teherán, intensificando aún más las frágiles dinámicas en un conflicto que se ha prolongado durante años.
El jueves 13 de julio de 2026, el portavoz de la coalición militar liderada por Riad, Turki al Maliki, reportó que los misiles fueron interceptados exitosamente. Este intercambio de hostilidades revela la creciente volatilidad de la situación, a la que los hutíes han respondido calificando el bombardeo del aeropuerto de Saná como “una agresión flagrante”. Yahya Saree, el portavoz militar hutí, acusó a Arabia Saudita de ser la responsable y prometió represalias, sugiriendo que esta acción militar podría marcar el fin de un periodo de desescalada. La declaración del ministerio de Exteriores hutí enfatiza su preocupación sobre las repercusiones de lo que consideran una “declaración de guerra”.
La reacción fue inmediata; el avión de Mahan Air, redirigido debido al ataque, finalmente aterrizó en el aeropuerto de Al Hudeida, un puerto estratégico también bajo control hutí. Según fuentes citadas, los daños causados en Saná han dejado las pistas inoperables. Tras el incidente, el Gobierno yemení exigió el cierre temporal de aeropuertos en el país, aunque posteriormente se reabrieron. Un avión del Comité Internacional de la Cruz Roja, junto con su tripulación, se encuentra retenido en el aeropuerto de Saná, lo que agrava aún más la situación humanitaria en la región.
El conflicto se intensificó a raíz de eventos anteriores, como el vuelo civil desde Saná a Teherán, donde se trasladó a una delegación hutí para asistir al funeral del fallecido líder supremo iraní, Alí Khamenei. La negativa de los hutíes a aceptar una aeronave nacional propuesta por el gobierno de Yemen refleja las profundas divisiones provocadas por la intervención saudí desde 2015 y la complejidad del conflicto actual.
Desde que los hutíes tomaron Saná en 2014, el conflicto ha desencadenado una de las crisis humanitarias más devastadoras del mundo, con millones de personas afectadas. La tregua mediada por la ONU en abril de 2022 trajo cierta calma, pero su no renovación en octubre del mismo año ha hecho que la paz permanezca en una incertidumbre inquietante. La reciente escalada en hostilidades sugiere que el delicado equilibrio entre la guerra congelada y el conflicto abierto se ha vuelto aún más precario.
El Consejo de Seguridad de la ONU ha convocado una sesión para debatir esta crisis, reflejando la urgencia de abordar un conflicto que ha resultado en enormes sufrimientos humanitarios. Arabia Saudita, aunque apoya al gobierno reconocido en Yemen, se enfrenta a la difícil tarea de manejar una situación tensa y volátil, donde cualquier acción provocadora podría deshacer años de esfuerzos por alcanzar una paz duradera. Las palabras del portavoz hutí, que utilizan términos como “nueva fase” y “represalias”, subrayan que el episodio aún no ha concluido, y la posibilidad de un regreso a la guerra parece más cercana que nunca.
Actualización: Este informe corresponde a eventos de fecha 13 de julio de 2026.
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