La reciente audiencia disciplinaria contra los agentes de la Policía de Sussex, Rachel Comotto y Stephen Smith, ha puesto al descubierto un incidente alarmante ocurrido el 21 de junio de 2022 en un hogar de ancianos en St Leonards-on-Sea. En esta ocasión, ambos oficiales se enfrentaron a Donald Burgess, un hombre de 92 años, amputado de una pierna y diagnosticado con demencia, quien se negaba a soltar un pequeño cuchillo tras un altercado con otro residente.
Las grabaciones de la cámara corporal de Comotto, exhibidas en la audiencia del 28 de septiembre, revelaron cómo, en un lapso de tan solo 90 segundos, los agentes usaron tres tipos de fuerza: spray de pimienta, un bastón policial y un Taser de 50,000 voltios. Este ataque, según testimonios, se llevó a cabo sin que los policías indagaran previamente sobre el estado del paciente ni intentaran aplicar técnicas de desescalada.
Una vez sometido, Burgess se quejó de malestar, afirmando “me estoy muriendo”. Lamentablemente, fue trasladado al hospital debido a una infección urinaria y, aunque recibió el alta, fue rechazado por el hogar Park Beck, donde había vivido. Su situación se agravó al contagiarse de Covid-19, lo que condujo a su muerte 22 días después del incidente, a causa de un paro cardíaco.
Durante su declaración, Smith manifestó que actuó con órdenes imperativas, asumiendo que Burgess seguiría su instrucción. Aunque su abogado le preguntó si habría procedido de manera diferente, el oficial se mostró firme en su decisión, afirmando que no consideraba que fueran necesarios cambios en su enfoque. Por su parte, Comotto alegó que disparó el Taser al pensar que su colega iba a golpear de nuevo al anciano, aunque reconoció que, con toda la información actual, “tomaría un enfoque diferente”.
Además, Comotto enfrenta una acusación por comentarios inapropiados en redes sociales horas después del incidente, asegurando que la publicación fue una respuesta a las burlas de sus compañeros y no un ataque hacia Burgess. Aun así, reconoció que el mensaje no era adecuado sin el contexto.
La Oficina Independiente de Conducta Policial (IOPC) ha llevado el caso a una audiencia disciplinaria, donde se examina si los agentes incurrieron en faltas graves de conducta. Mientras tanto, la familia de Burgess ha argumentado que la intervención de la policía creó una situación de confrontación innecesaria. Ellos afirman que su padre no habría estado en el hospital si no se hubiera empleado tal fuerza.
Ambos agentes fueron procesados por lesiones graves, pero un jurado del Tribunal de la Corona de Southwark los absolvió en mayo de 2025. Sin embargo, el panel ahora evalúa su conducta bajo los estándares profesionales de la policía y, de hallarlos culpables, podrían enfrentarse a la expulsión.
A medida que se espera una decisión final, un forense ha sugerido la posibilidad de reabrir la investigación sobre el fallecimiento de Burgess, aunque oficialmente no se atribuye responsabilidad a los agentes en relación con su muerte. Con el proceso aun abierto, este caso resalta la complejidad de la interacción policíaca y la necesidad de abordar cada situación con sensibilidad y comprensión.
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