La demanda de difamación presentada por Anna Netrebko contra el Metropolitan Opera y su director artístico, Peter Gelb, ha sido desestimada. En un fallo reciente, la jueza del Distrito de los Estados Unidos, Annalisa Torres, determinó que Netrebko y su equipo legal no lograron evidenciar que Gelb actuara “con malicia real” al formular las declaraciones presuntamente difamatorias.
En su decisión, la juez señaló que no se probó que las críticas de Gelb, realizadas en 2024 y 2025, fueran respuestas retaliatorias a la demanda de Netrebko. En este sentido, Torres dudó de la validación de la afirmación de que Gelb había hecho esos comentarios en represalia, indicando que había sido crítico público mucho antes de que la demanda fuera interpuesta.
Sin embargo, el fallo no cierra la puerta a Netrebko; la jueza le permite “buscar permiso para enmendar su queja suplementaria”. Esta no es la primera vez que las afirmaciones de Netrebko han sido este objeto de un análisis judicial. En 2024, una demanda de difamación había sido rechazada previamente, y en 2025, tras varios comentarios de Gelb en la prensa, la abogada de Netrebko, Julie Ulmet, presentó una queja revisada. Este nuevo documento afirmaba que tanto el Metropolitan Opera como Gelb habían difamado a la soprano, alegando que sus comentarios influyeron negativamente en su carrera al disuadir a otras compañías de la ópera de contratarla.
La defensa de Netrebko se centra en la necesidad de protegerse de lo que su abogada describe como “ataques y acoso continuos” por parte de Gelb. Coincidiendo con esta disputa de difamación, una demanda separada que plantea problemas de discriminación de género está avanzando en la corte. La jueza Torres ha indicado que esta acusación sigue en pie, considerando que el Metropolitan Opera mostró un trato preferencial hacia cantantes masculinos vinculados a Putin.
Por ejemplo, Netrebko ha señalado que el barítono Ildar Abdrazakov actuó en eventos políticos donde Putin expuso sobre la guerra en Ucrania, así como otros cantantes como Evgeny Nikitin, involucrados en actividades patrocinadas por el estado. Estas condiciones resaltan una percepción de desequilibrio en la gestión del opera, especialmente en un contexto donde los lazos políticos son especialmente delicados.
La resolución de estos casos no solo es significativa para Netrebko, sino que también pone de manifiesto las complejas dinámicas entre arte, política y la industria operística contemporánea. La evolución de estas disputas legales seguirá siendo objeto de atención en tanto se desarrollen las audiencias y se resuelvan las percepciones del público y la comunidad operística.
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