En un rincón casi escondido del Museo de Brooklyn, una exposición cautivadora invita a los visitantes a explorar el antiguo Egipto a través de una colección de textos funerarios conocidos como los “Libros de los Muertos”. Estos manuscritos, que datan de aproximadamente 305 a 30 a.C., ofrecen una visión fascinante de las creencias y prácticas que rodeaban la muerte en la cultura egipcia.
La exhibición “Desenrollando la Eternidad” permite visualizar un manual de instrucciones para la vida después de la muerte, elaborado en un antiguo papiro de 21 pies de largo. Uno de los destacados de la exposición es un ejemplar que data de 250 a.C. y que contiene más de 160 hechizos funerarios. Este artefacto, que ha estado en almacenamiento desde 1937, es especialmente singular, ya que es uno de los pocos libros de este tipo que ha sido dorado, conservando vestigios de su antiguo esplendor.
El “Libro de los Muertos” no es un único volumen, sino una recopilación de textos que cualquiera podría haber encargado a un escriba. Con unas 200 conjuros conocidos, cada libro variaba en contenido. El quid del asombro reside en la forma en que estas historias milenarias, representadas en vibrantes ilustraciones, revelan escenas del “Campo de Reeds”, una especie de paraíso egipcio, junto con ofrendas que garantizaban un paso seguro al más allá.
La historia de este papiro en particular comienza en el siglo XIX, cuando fue adquirido por el médico británico Henry Abbott, quien lo descubrió en una tumba antigua. El objeto eventualmente llegó a los Estados Unidos y fue parte de la primera exhibición de artefactos egipcios en el país. Sin embargo, su camino hasta la luz fue complicado. La conservación del manuscrito requirió un esfuerzo considerable por parte del equipo del museo, quien recientemente recibió un subsidio importante para restaurarlo. Tras 18 meses y un cuidadoso proceso de desprendimiento de capas de papel dañadas, se logró recuperar la legibilidad del texto, que había sido comprometida por el tiempo y el uso.
Para muchos, la oportunidad de ver un objeto tan antiguo y frágil evoca un sentido de conexión con el pasado. El conservador Ahmed Tarek, quien se encargó de la restauración, enfatiza la importancia del trabajo de conservación, no solo como un acto técnico sino como un proyecto político que asegura la sobrevivencia de la historia. “Sin nuestro pasado, no tenemos futuro”, afirmó Tarek, resaltando la necesidad de mantener viva la memoria de civilizaciones pasadas.
Mientras los visitantes recorren la exposición, el contraste entre la asombro que suscita el relicario y la indiferencia de algunos jóvenes refuerza la idea de que la apreciación por la historia puede no ser inmediata, pero es crucial para entender quiénes somos. El diálogo entre el presente y el pasado se manifiesta en cada objeto, en cada hechizo escrito, y en la rica herencia que se preserva a través del tiempo.
En última instancia, “Desenrollando la Eternidad” no solo es una exhibición sobre el antiguo Egipto, sino una reflexión sobre la importancia de recordar y valorar el pasado, asegurando que las futuras generaciones tengan acceso a la historia que forjó nuestro mundo.
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