En Oaxaca, la celebración del Día de Muertos se vive entre aromas, sabores y rituales que conectan a los vivos con sus difuntos a través de la cocina tradicional. Los platillos favoritos de quienes ya no están se preparan con esmero y se colocan en altares, siguiendo una costumbre reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 20081.
Durante la temporada de muertos de 2025, la entidad recibió 86,900 visitantes y registró una derrama económica de 383 millones de pesos, según cifras de las autoridades estatales de turismo1.
Platillos y rituales en la celebración
En Oaxaca, la preparación de alimentos es el centro de la festividad. Los mercados, fogones y mesas se llenan de ingredientes y recetas que evocan la memoria de los difuntos. En los altares, el menú tradicional incluye pan de yema con alfeñique, mole chichilo o negro, frutas, cigarros y el mezcal favorito del difunto1.
Restaurantes como Asador Bacanora, recomendado por la Guía Michelin México 2024, reinterpretan estos platillos: mole chichilo, tuétano ahumado con cempasúchil y pan de yema con mantequilla de mezcal son parte de la oferta especial para la temporada. El chef Efrén Chan y la directora de operaciones Yajaira Ramírez lideran la cocina, que busca rescatar técnicas y sabores en riesgo de desaparecer1.

La muerteada y la convivencia comunitaria
En San Agustín Etla, la muerteada es una puesta en escena nocturna donde un espiritista revive a un difunto, mientras bandas musicales y vecinos participan en una competencia sonora. Las casas abren sus puertas para compartir comida y mezcal con visitantes, reafirmando la hospitalidad y la comunión de la comunidad1.
El mezcal es más que una bebida: es un símbolo de identidad. Cada anfitrión presume su origen, y el trago se convierte en un acto de comunión. La muerteada, que se remonta a mediados del siglo XX, surgió como homenaje de trabajadores de una textilera a sus muertos y hoy es una competencia sana entre barrios1.

El altar y la economía de la temporada
Las fachadas de Oaxaca se decoran con cempasúchil y papel picado, mientras los panteones se transforman en plazas iluminadas donde familias conviven entre música y comida. El tapete monumental frente al Palacio de Gobierno, hecho con frijoles, granos, flores y copal, simboliza la diversidad cultural y gastronómica del estado1.
La celebración impulsa la economía local: en 2025, la temporada atrajo a 86,900 visitantes y generó una derrama de 383 millones de pesos. Restauranteros y comerciantes ajustan precios y abasto para atender la demanda, y la fiesta se vive como un regreso, tanto para los visitantes como para los recuerdos familiares1.
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Fuentes
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Datos basados en información reportada originalmente por 7canibales.com.






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