El panteón de San Vicente Coatlán, en la Sierra Sur de Oaxaca, se llena de música y flores durante el Día de Muertos, mientras familiares y amigos honran a sus difuntos con rituales tradicionales. El vals 'Dios nunca muere', interpretado por la banda Atardecer, acompaña el ambiente, mientras el copal y el mezcal forman parte esencial del homenaje en las tumbas cubiertas de cempasúchil, gladiolas y otras flores de la región1.
Sin embargo, la comunidad enfrenta un cambio profundo: la migración y la transformación religiosa han reducido la duración de la festividad y el número de participantes, lo que ha modificado costumbres que antes se extendían por hasta siete días1.
El ritual y los alimentos de la ofrenda
En San Vicente Coatlán, el Día de Muertos inicia con la limpieza y arreglo de las tumbas desde mediados de octubre. El 1 de noviembre, las familias preparan tamales de pollo y colocan ofrendas con flores, veladoras, pan, frutas, agua, mezcal y chocolate, sin incluir fotografías de los difuntos, a diferencia de otras regiones1.
El 2 de noviembre, se prepara mole con guajolote, que se ofrece a las ánimas junto con tortillas, pan y tamales. Al mediodía, los topiles, policías comunitarios, acuden al panteón para recoger a las ánimas y llevarlas a la iglesia, donde se realiza una misa. Posteriormente, acompañan a las ánimas a las 'casas grandes', donde los familiares comparten los alimentos preparados1.

La migración y el cambio en la tradición
La duración del Día de Muertos en la comunidad, que antes se extendía hasta por siete días, actualmente solo abarca el 1 y 2 de noviembre. Según autoridades comunitarias, aproximadamente el 50% de la población ha emigrado a Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida, lo que ha reducido la cantidad de personas que regresan para la festividad1.
El costo económico de colocar un altar y la presencia de nuevas religiones cristianas, que no practican los rituales católicos ni zapotecos, también han influido en la disminución de la celebración. Cuando fallecen los abuelos de las 'casas grandes', muchas veces los hijos ya han emigrado y no hay quien continúe con el cuidado de las tumbas ni las tradiciones1.
El cierre de la festividad
El 3 de noviembre, según la tradición local, las ánimas regresan al mundo de los muertos. Ese día, los topiles visitan nuevamente las 'casas grandes' para recoger los alimentos y bebidas de la ofrenda, que son llevados al centro de la comunidad y repartidos entre la población1.
A pesar de la disminución en la duración y la participación, el Día de Muertos sigue siendo un momento de reunión y memoria colectiva en San Vicente Coatlán, aunque cada vez con menos personas presentes1.
Nota de la Redacción: esta nota se basa en la información disponible al publicarla y se actualizará si otras fuentes aportan más datos.
Fuentes
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Datos basados en información reportada originalmente por El Universal.






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