Jugar fácil es muy bueno para el fútbol y jugar cómodo es invocar la ruina. Una línea muy fina separa lo genial de lo banal. Karim Benzema traspasó esa línea para salir del área, volcarse a las bandas o posicionarse en zonas blandas como diez, y hacer cosas deslumbrantes que no aportaron nada a las jugadas durante su regreso con la selección de Francia en el amistoso contra Gales, el miércoles pasado. Así lo vio un técnico que asesora a la Federación Francesa de Fútbol (FFF). La advertencia apunta al gran dilema de la Eurocopa que comienza esta semana. El engranaje del nueve del Madrid en la selección campeona del mundo es una apuesta de alto riesgo: a doble o nada.
“Es un jugador más”, repite Didier Deschamps. Insistentemente preguntado por la nueva inclusión, el seleccionador procura evitar pronunciar su nombre. “Queremos integrarlo en un esquema en el que los delanteros tienen una gran libertad”, dijo tras el partido con Gales. “Ahora tenemos que discutir los ajustes entre todos”.

Tan majestuoso como inocuo, el despliegue de Benzema contra Gales (3-0) puso de manifiesto el carácter de su retorno. Después de cinco años apartado de la selección por su presunta complicidad en un caso de extorsión a un compañero de equipo que está pendiente de juicio, Benzema no ha regresado como un meritorio ni un arrepentido. A sus 33 años, ha vuelto con aire lisonjero a reivindicar su clase y a exhibir su liderazgo entre unos colegas que le observan con menos reverencia que curiosidad. Griezmann, Mbappé, Tolisso o Pogba, que le acompañaron el miércoles, vienen de ganar una Copa del Mundo sin él.
En el cuartel de Clairefontaine están persuadidos. Benzema no siempre fue un competidor feroz. Hasta 2016 fue un chico indolente que no dejaba de comer hamburguesas y se pasaba las tardes tirado en un sofá. Fue la persuasión del exentrenador del Madrid, Zinedine Zidane, de origen argelino como él, lo que transformó su naturaleza hedonista y le empujó a jugar fácil antes que cómodo. Se instaló un gimnasio en casa, duplicó sus entrenamientos, cuidó la dieta y se convirtió a la hiperactividad. La cuestión es: ¿responderá igual con Deschamps?


