La niebla se eleva desde el Monte Tamalpais como un espíritu, envolviendo lentamente a los elevados secuoyas y los laurales fragantes. Este paisaje verde de California se encuentra con el cielo y un destello del océano Pacífico, creando una imagen vivaz que ha sido parte integral de la vida de la artista Etel Adnan. Durante más de cinco décadas, Adnan dedicó numerosas pinturas y poemas a este majestuoso monte, convirtiéndolo en un personaje central de su obra.
El nuevo documental, titulado Adnan being and time (2026), de la directora Marie Valentine Regan, captura los últimos cinco años de la vida de Adnan, quien falleció el 14 de noviembre de 2021 a los 96 años. Estrenada recientemente en el Rockaway Film Festival de Nueva York, esta película marca el debut en formato largo de Regan y se adentra en la vida de Adnan, quien, entre la década de 1970 y la de 2010, residió en Sausalito, California, al pie del Monte Tamalpais. En el transcurso del filme, los sonidos y paisajes del monte se entrelazan con la vida y trabajo de Adnan, quien vivió en el exilio de Líbano, un periodo que ella describe como una “deseo secreto,” con matices de positividad.
Adnan podría ser considerada una artista con un profundo vínculo personal con el montañés. Expresó su conexión en su libro de 1986, Journey to Mount Tamalpais, afirmando: “A lo largo de los años he ido, venido, dando vueltas alrededor de la montaña… soñando.” Para ella, el monte se transformó en un ser viviente, y cuando le preguntaron alguna vez sobre la persona más importante que conocía, su respuesta fue contundente: “Es una montaña”.
El documental personaliza esta conexión, revelando la amistad entre Regan y Adnan mientras la acompaña en su hogar de París, explorando juntos su vida a través de conversaciones y visitas a galerías. Adnan reflexiona sobre su infancia en Beirut y cómo sus raíces sirias y griegas se entrelazan con su experiencia en el arte. También se aborda su decisión de dejar de escribir en francés como reacción al colonialismo francés en Argelia, eligiendo en su lugar escribir en inglés y pintar en árabe.
El filme nos presenta momentos poéticos donde Adnan reflexiona sobre el arte y la naturaleza de la percepción. Frases como “los paisajes tienen su propio tiempo” resuenan a lo largo de la obra, ofreciendo una ventana al pensamiento intrincado de la artista. Tras su muerte, su legado se manifiesta a través de vibrantes tapices, dibujos a tinta y pinturas abstractas que invitan a la contemplación.
Aunque Adnan no pudo regresar a su querido Monte Tamalpais tras cumplir 90 años, el documental nos muestra su vida en París, recordando lo que la llevó allí. Su infancia estuvo rodeada de complejidades culturales, y hizo eco de estas cuestiones en su arte, que combina visiones paradisiacas y apocalípticas.
Adnan dedicó su vida a crear, y su enfoque en el arte como un medio para “suspender el pensamiento ordinario” refleja una conexión intuitiva que queda evidenciada en sus dibujos en tiempo real. Por otro lado, su relación con Simone Fattal, su pareja y colaboradora, se aborda de manera sutil en el filme, aunque queda en un segundo plano el contexto completo de su vínculo.
El documental culmina en un sentido homenaje cuando, tras la muerte de Adnan, Fattal esparce sus cenizas en las laderas del Monte Tamalpais, cerrando así el círculo en la vida de una artista que nunca dejó de encontrar inspiración en su entorno. Con esta obra, Regan nos ofrece no solo un retrato de Adnan, sino también un convite a explorar el rico universo de su arte y su vida, cuyos ecos continúan siendo descubiertos, incluso años después de su muerte.
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