▲ El patio de la Casa de la Cultura de Guanajuato se transformó en una playa, un escenario entre idílico y claustrofóbico donde los actores reposan y cantan.Foto Carlos Alvar/FIC
Guanajuato, Gto. – En una llamativa propuesta escénica, la obra Sun & Sea, creada por Lina Lapelytė con libreto de Vaiva Grainytė y dirigida por Rugilė Barzdžiukaitė, se adentra en una alegoría crítica de los efectos del cambio climático. Sin embargo, lo fascinante de esta obra es su enfoque bucólico: el desastre natural se convierte en un susurro, eclipsado por la neurosis vacacional de sus protagonistas. Este contraste la aleja del habitual enfoque de las películas de catástrofe que destacan la impotencia humana ante lo inevitable.
Ubicada en un escenario donde se entrelazan momentos de idilio y claustrofobia, los niños juegan con despreocupación mientras los adultos despliegan sus monólogos internos. La escenografía es singular: una sombrilla, una pelota desinflada con un mapamundi y un contenedor de basura enmarcan la experiencia. Las 25 toneladas de arena transforman el entorno, creando un espacio propicio para la convivencia vacacional.
A pesar de que presenciar Sun & Sea puede parecer placentero, las cuatro funciones ofrecidas se desarrollaron casi sin descanso, entre las 14 y las 17 horas, en el patio de la Casa de la Cultura. La obra subraya la ruptura de las convenciones operísticas, donde las niñas juegan a hacerse trenzas y dos pequeños perros se mueven entre las toallas extendidas mientras los artistas alternan entre sus intervenciones musicales y actividades cotidianas como lectura y juego de ajedrez.
Desde su debut en la bienal de Venecia en 2018, Sun & Sea ha alcanzado reconocimiento internacional y ha sido descrita como “eco-ópera”. El acompañamiento musical presenta un uso minimalista de un teclado que imita y transforma el sonido de un órgano de tubos, un instrumento tradicionalmente asociado con la música sacra.
La narrativa de la obra se construye sobre dos líneas temporales: el objetivismo de las acciones que transcurren en esta playa soleada, donde ninguna actividad tiene más peso que otra, y la subjetividad del fluir de conciencia, donde los pensamientos emergen de manera aparentemente aleatoria. Al final del espectáculo, el público se retira mientras el elenco permanece en un momento de inmutabilidad, jugando y descansando en la arena, lo que añade una capa de reflexión sobre la experiencia vacacional y la conciencia ambiental.
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