Durante el primer trimestre de 2026, la productividad laboral en la economía mexicana, medida en función de las horas trabajadas, experimentó un ligero retroceso del 0.1% respecto al último trimestre de 2025. Aunque se registró un incremento marginal del 0.1% en comparación con el mismo período del año anterior, esta tendencia sugiere una continuidad de la atonía que ha caracterizado la productividad laboral en el país. Según datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), el índice de productividad fue apenas 0.5% superior al nivel del primer trimestre de 2020, reflejando un estancamiento prolongado desde la pandemia de Covid-19.
Al observar una perspectiva más amplia, se revela un problema preocupante: la productividad ha disminuido un 5.5% en comparación con hace una década. Este estancamiento es una manifestación clara de un bajo dinamismo en la economía mexicana, que durante el mismo trimestre experimentó un retroceso del 0.6% en términos trimestrales.
Una de las principales causas detrás de este fenómeno radica en el crecimiento insuficiente del coeficiente de inversión fija bruta, que determina las bases técnicas para la producción. Según la organización México Cómo Vamos, la productividad es crucial, ya que el crecimiento económico de países como México—que se considera de ingreso medio—depende de la eficiencia en el uso de los recursos disponibles.
El panorama se complica aún más al analizar la variación sectorial. Durante los primeros meses de 2026, tanto el sector secundario como el terciario, que representan cerca del 95% del Producto Interno Bruto (PIB), mostraron caídas en productividad: el primero decreció un 0.3% y el segundo se mantuvo sin cambios. En contraste, el sector primario registró un repunte del 0.6%, pero sigue siendo parte de una tendencia que revela el estancamiento en las actividades más productivas de la economía.
La depreciación de la productividad laboral ha sido un tema recurrente en el debate económico, con expertos como Carlos Ramírez, de Integralia Consultores, señalando que esta situación puede representar el “talón de Aquiles” de la economía mexicana. Las cifras también respaldan esta preocupación, ya que en la última década la productividad en actividades primarias ha aumentado un 23.9%, mientras que en secundarios y terciarios se ha reducido en 10.9% y 5.5%, respectivamente.
Por si fuera poco, esta parálisis en la productividad se ha visto acompañada por un aumento en los costos unitarios de la mano de obra, en línea con las políticas de recuperación del salario mínimo. Durante el primer trimestre de 2026, el costo en el subsector de construcción creció un 1.6% trimestralmente, mientras que en el sector manufacturero aumentó un modesto 0.1%. A pesar de la reducción en el comercio mayorista, que descendió un 1.3%, el comercio minorista vio un incremento del 2.2%. En general, las tasas salariales han mostrado incrementos significativos en varios sectores, pero el sector de servicios privados no financieros registró una disminución del 7.2%.
En resumen, la situación actual de la productividad laboral en México es alarmante. La combinación de un estancamiento prolongado y un incremento en costos podría socavar las bases del crecimiento económico del país. La necesidad de generar un cambio estructural es evidente, y se vuelve crucial para alcanzar los niveles de crecimiento deseables que se estiman en un 4.8% anualmente, según estudios de McKinsey Global Institute. De no abordarse estas cuestiones, el país podría enfrentar retos aún mayores en su esfuerzo por salir adelante.
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