El gobierno del presidente estadounidense Donald Trump está preparado para implementar nuevas sanciones contra otro banco, intensificando su estrategia de aislamiento económico hacia Irán. Así lo confirmó el secretario del Tesoro, Scott Bessent, en una reciente entrevista, enfatizando que “esto será violencia financiera si es necesario”. Bessent agregó que el objetivo es dejar claro a los involucrados que sus acciones deben cesar.
Estas declaraciones se dieron antes de los encuentros del Grupo de los 20 (G20) que se celebrarán en Asheville, Carolina del Norte, donde el secretario prevé diálogos con funcionarios de economías tanto avanzadas como en desarrollo. Estados Unidos busca respaldo global en su firme oposición a las actividades de Irán, marcando un cambio en la estrategia de su administración hacia un enfoque de presión económica en lugar de operaciones militares directas.
La administración Trump, tras seis meses de confrontación militar, se ha comprometido a atacar la economía iraní de modo más contundente, definiendo un “Día D económico”. Este enfoque no es nuevo para Irán, que ya enfrenta décadas de sanciones, pero ha cobrado relevancia ante el recrudecimiento de las hostilidades, incluida la reciente acción militar estadounidense en el estrecho de Ormuz. Este ataque marcó el reinicio de las operaciones militares en esa región, con Irán respondiendo al ataque a instalaciones militares estadounidenses en Jordania y Emiratos Árabes Unidos.
La combinación de presión económica y militar presenta nuevos desafíos para Washington, especialmente por la interdependencia comercial de otros países con Teherán. A pesar de las advertencias anteriores, la administración estadounidense aún no ha impuesto sanciones a los socios comerciales de Irán. La postura de China, el mayor comprador de petróleo iraní, sigue siendo un punto de tensión crucial.
Bessent, por su parte, manifestó que se reunirá con homólogos chinos durante el G20 y que “todas las opciones están sobre la mesa” respecto a las sanciones a Beijing si continúa adquiriendo petróleo de Irán. Rechazó también la idea de que Estados Unidos esté reacio a confrontar a China por su relación con Teherán, calificándola de “narrativa completamente falsa”.
El secretario afirmó que tanto Washington como Beijing comparten el objetivo de abrir nuevamente el estrecho de Ormuz, fundamental para el comercio internacional de petróleo, y prevenir que Irán desarrolle armas nucleares. Sin embargo, la postura de China es un factor que puede complicar estos esfuerzos estadounidenses.
A finales de agosto de 2026, el Departamento del Tesoro presentó una propuesta de reglamentación que podría haber restringido el acceso de sucursales del Banco Misr, el segundo más grande de Egipto, al sistema financiero de Estados Unidos. Sin embargo, el gobierno decidió no imponer sanciones, evidenciando su cautela ante la posibilidad de dañar relaciones comerciales con aliados cruciales.
Junto a China, India se mantiene como otro socio comercial vital para Irán, lo que representa un obstáculo adicional para Estados Unidos en su intento de implementar un cerco económico más efectivo. La situación sigue evolucionando, y el impacto de estas decisiones apenas comienza a manifestarse en el escenario internacional.
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