Desde la mañana del 7 de octubre de 2023, y hasta el 13 de octubre de 2025, el grupo terrorista Hamas implementó una estrategia de violencia sexual sistemática como parte de su plan de agresión. La Comisión Civil, encargada de documentar estos atroces acontecimientos, ha calificado a estos actos como “violencia sexual kinocida”, una forma de atentado destinada a destruir las estructuras familiares a través de la explotación de los lazos afectivos.
Durante estos días, el ataque de Hamas reveló un patrón metódico de violencia que no solo fue dirigido contra individuos, sino que se usó como una herramienta central de terror, buscando desintegrar a comunidades enteras y someter a las familias israelíes a un sufrimiento inimaginable. Una de las sobrevivientes, al compartir su experiencia con la Comisión, destacó: “Lo que me pasó ocurrió desde el principio hasta el fin”.
La Comisión Civil ha registrado que casi todos los rehenes liberados tras el ataque experimentaron o fueron testigos de actos de violencia sexual. Los informes apuntan a un espectro abrumador de abusos: desde agresiones sexuales y tortura, hasta humillaciones y amenazas. Elementos involucrados en estos hechos abarcan desde mujeres hasta niños y personas mayores, lo que subraya la indiscriminación de la violencia. Los acontecimientos se produjeron en diversas localizaciones, incluidos hogares, túneles y bases militares, lo que sugiere una planeación y coordinación entre los perpetradores.
Tal como confirma el informe, la violencia sexual fue utilizada como un mecanismo de control y terror psicológico. Los captores forzaron a las víctimas a simular felicidad e incluso a sonreír tras sufrir abusos, amplificando así el trauma no solo de las víctimas directas, sino de sus familias y comunidades.
Los relatos de los sobrevivientes traen a la luz la brutalidad de estos actos. Un testimonio de un sobreviviente del festival Nova describe de manera escalofriante cómo los atacantes despojan de su humanidad a las víctimas, llegando al extremo de filmar y difundir los abusos como un acto de humillación pública.
La comisión también observó que las atrocidades cometidas incluyeron inversiones brutales, como mutilaciones genitales y otras evidencias claras de violencia sexual. Se encontró que los cuerpos recuperados presentaban signos de abuso sexual evidente, y los testimonios de médicos forenses confirman la naturaleza sistemática de estas operaciones, con víctimas obligadas a desnudarse y a presenciar el sufrimiento de otros.
El informe de la Comisión, titulado “Silenciadas Nunca Más”, redefine la narrativa sobre estos actos, clasificándolos no solo como violaciones de derechos humanos, sino como métodos de terror. Estos crímenes, según su evaluación, constituyen violaciones al derecho internacional y deben ser considerados en el contexto de genocidio y crímenes de lesa humanidad.
La violencia sexual, señala la Comisión, no debe ser vista como un daño colateral, sino como un arsenal utilizado por los terroristas para ejercer control y provocar terror. Están instando a la comunidad internacional a reconocer esta violencia como un método terrorista para garantizar justicia y reparación a las víctimas.
Este tipo de violencia dejó huellas indelebles que trascienden el sufrimiento individual, afectando a comunidades enteras y perpetuando un ciclo de trauma. La necesidad de abordar y sanar estas heridas es crucial no solo para las víctimas, sino para la cohesión social en general.
A medida que esta información se difunde, es imperativo que se reconozca la gravedad de estos actos y se abonen esfuerzos hacia el reconocimiento y la justicia para las víctimas y sus familias. La lucha por reparar los daños causados en el tejido social y familiar será un desafío continuo que requerirá atención y compromiso sostenido de la sociedad en su conjunto.
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