En una noche memorable en el ICC de Darling Harbour, un joven de 21 años se convirtió en el héroe inesperado de una actuación en vivo de la banda sonora de “La La Land”. El evento, que proyectaba el aclamado filme mientras una orquesta tocaba en sincronía, tomó un giro sorprendente cuando el tecladista de la orquesta se enfermó repentinamente durante el intermedio, que se extendió a 40 minutos.
Justin Hurwitz, compositor ganador de un Oscar, se enfrentó a una situación crítica. En busca de una solución, hizo una inesperada convocatoria al público: ¿había algún pianista en la sala con habilidades excepcionales para la lectura a primera vista? En ese momento, la quietud preocupante fue palpable en el ambiente.
Sterling Nasa, un estudiante de política y estudios internacionales en la Universidad de Sydney, se encontraba entre los espectadores. A pesar de su hesitación inicial, impulsado por su amiga Scarlett, decidió ofrecerse como voluntario. Sin ningún ensayo previo y frente a una compleja partitura, Nasa se sentó al teclado para enfrentar el reto de tocar una obra que siempre había admirado.
El clímax de la actuación llegó con la interpretación del tema “Start a Fire” de John Legend, que incluía un solo de sintetizador intrincado. Hurwitz había manifestado su apprehensión sobre esta sección crucial, temiendo que incluso un profesional experimentado pudiera dudar al enfrentarse a una partitura desconocida. Sin embargo, Nasa tomó una decisión audaz: improvisar. Su enfoque creativo no solo cumplió con la expectativa, sino que también llevó a la orquesta a través de la pieza, culminando en una ovación abriente por parte del público.
La experiencia fue impactante tanto para Nasa, quien disfrutó de la oportunidad de tocar una música que le apasionaba, como para Hurwitz, que expresó su asombro por la improvisación del joven. La noche concluyó en un ambiente de incredulidad mutua, donde ambos compartieron su admiración y gratitud.
A medida que Nasa se preparaba para regresar a su rutina universitaria, la atención mediática lo rodeaba, reflexionando sobre su inesperada incursión en el mundo del espectáculo. Aunque Hurwitz reconoció el talento de Nasa y consideró que podría tener una carrera en la música, también enfatizó que la elección final sobre su camino corresponde al joven.
Con actuaciones de “La La Land in Concert” programadas en Brisbane y Melbourne, la historia de esta inesperada conexión entre el arte y la vida real sigue resonando en la mente de los que fueron testigos de este momento excepcional. En el fondo, este relato subraya la esencia del filme: la importancia de seguir lo que se ama, sin importar los desafíos que se presenten.
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