En un desarrollo significativo en el ámbito de la propiedad intelectual, Encyclopedia Britannica y Merriam-Webster han decidido llevar a OpenAI a los tribunales, acusándole de “infracción masiva de derechos de autor”. Según la demanda, los gigantes de la inteligencia artificial han utilizado, sin permiso, cerca de 100,000 artículos en línea que están bajo la protección de derechos de autor. Esta situación pone de manifiesto las tensiones que han surgido en la intersección de la tecnología y el derecho de autor, un asunto cada vez más relevante en la era digital.
La controversia se centra en la práctica de “raspado” de contenido, donde OpenAI habría extraído información de los artículos de Britannica para entrenar sus modelos de lenguaje. Los demandantes argumentan que esta acción no solo infringe sus derechos de autor, sino que también está en desacuerdo con las normas establecidas. La denuncia sostiene que OpenAI viola las leyes de derechos de autor al generar salidas que incluyen reproducciones verbatim, ya sea completas o parciales, de su contenido. Además, se alega una violación de la Ley Lanham en relación con la generación de “alucinaciones”, es decir, afirmaciones incorrectas atribuidas falsamente a la editorial.
Un aspecto crucial de la demanda es cómo ChatGPT, al proporcionar respuestas a consultas, socava la viabilidad económica de los editores web como Britannica. La denuncia indica que las respuestas generadas por la inteligencia artificial sustituyen y compiten directamente con el contenido original de los editores, lo que pone en peligro el acceso continuo del público a información de alta calidad.
Britannica no está sola en esta lucha; se une a un número creciente de editores y escritores que buscan acciones legales contra OpenAI por cuestiones de derechos de autor. Publicaciones reconocidas como The New York Times, Ziff Davis y diversos periódicos en los EE. UU. y Canadá también han presentado demandas por infracciones similares. Entre ellos se encuentran nombres emblemáticos como el Chicago Tribune y la Canadian Broadcasting Corporation.
Una nota interesante en este contexto es que, mientras un litigio similar contra Perplexity sigue pendiente, no existe un precedente sólido que aclare de manera contundente si el uso del contenido con derechos de autor para entrenar modelos de lenguaje constituye una infracción. En un caso anterior, un juez federal falló a favor de Anthropic, argumentando que el uso del contenido era transformador, aunque la empresa fue multada por descargar ilegalmente millones de libros.
A medida que las tensiones legales continúan acumulándose, la falta de claridad sobre el uso de contenido protegido se convierte en un tema candente en el debate más amplio sobre la inteligencia artificial y la propiedad intelectual.
OpenAI, por su parte, no ha respondido a las solicitudes de comentario sobre esta acusación hasta la fecha.
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