El reciente abatimiento de Nemesio Oseguera, conocido como El Mencho, ha captado la atención del mundo, similar a lo que ocurrió hace años con la muerte de Pablo Escobar. El líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fallecido el 22 de febrero de 2026, durante un operativo del Ejército en Jalisco, ha dejado un vacío significativo en el panorama del narcotráfico en México. Su muerte, confirmada por la Fiscalía General de la República (FGR) a través de pruebas genéticas, resalta cuestiones legales en torno al reclamo de su cuerpo, que permanece bajo resguardo en la Ciudad de México.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se encontró en una posición incómoda cuando se le preguntó sobre los procedimientos para la entrega del cuerpo. Su respuesta fue evasiva, señalando que correspondía a la Fiscalía brindar más información. El proceso de reclamación del cadáver implica que un representante legal de la familia cumpla ciertos requisitos, algo que ya se ha empezado a gestar. No solo los familiares directos como padres, esposas e hijos pueden realizar esta solicitud; también otros parientes o representantes designados tienen el derecho de hacerlo.
Entre las figuras cercanas a Oseguera se encuentran sus hijos, El Menchito y La Negra, quienes enfrentan sentencias a cadena perpetua en Estados Unidos por narcotráfico, y su esposa, Rosalinda González Valencia, que aunque había sido acusada de operar dentro del CJNG, obtuvo su libertad anticipada en 2025. Esto deja a la familia en una posición compleja en relación al trámite por el cuerpo.
El impacto de la muerte de El Mencho no solo se mide en términos de poder criminal, sino también en su significado social. Historiadores y analistas sugieren que su abatimiento es un punto de inflexión que recuerda a la caída de Escobar en 1993. Sin embargo, la manera en que El Mencho fue percibido en vida difiere notablemente; su relación con la sociedad de Jalisco no generó el mismo tipo de aprecio o culto que otros capos experimentaron.
Además, con más de 25,000 personas que asistieron al funeral de Escobar, se considera poco probable que El Mencho reciba una despedida similar, incluso si su muerte ha desatado reacciones violentas a nivel nacional. Expertos en narcocultura, como Juan Carlos Ramírez-Pimienta, subrayan que la percepción pública de los líderes del crimen ha cambiado, y aunque hay un miedo latente a posibles reacciones de sus seguidores, el ambiente actual dista de la nostalgia que una vez se sintió por figuras como Joaquín El Chapo Guzmán.
Por otro lado, el entorno de violencia y disputas por el control del negocio de las drogas está más presente que nunca, lo que dificulta una salida aclamada, tanto para el cartel como para sus asociados. Ya han surgido comparaciones con finales de otros capos como Amado Carrillo Fuentes y Arturo Beltrán Leyva, quienes también encontraron su final en circunstancias dramáticas; sus muertes fueron reconocidas públicamente, generando controversia y atención mediática.
Finalmente, ante la demanda de algunas voces que piden pruebas de la muerte de El Mencho, expertos como Cuitláhuac Salinas advierten que tales requerimientos pueden alimentar un clima de desconfianza. Para ellos, es crucial que la FGR entregue el cuerpo a la familia sin más dilaciones, mientras que el impacto de su deceso podría remodelar el panorama del narcotráfico en México.
En resumen, la muerte de El Mencho marca un nuevo capítulo en la historia del narcotráfico, resaltando tanto las complicaciones legales en torno a su cuerpo como las percepciones cambiantes sobre los capos en la sociedad mexicana. El tiempo dirá cómo se desenvuelven las ramificaciones de este evento.
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